lunes, 19 de octubre de 2009

Capìtulo 17. Sé Que Planeas Algo

Dios mío, me dije al despertar ese glorioso y espectacular domingo. Seguía en el sofá, mejor dicho Edward estaba en el sofá porque yo estaba sobre él. Definitivamente hasta que este mueble se cayera de viejo tendría un lugar especial en casa.

Imágenes del día anterior me llegaron de pronto y me sonrojé. Cuando pensaba que él ya era perfecto descubrí otras partes aún más perfectas.

- Hola preciosa- dijo acercándome a su pecho. – ¿Te das cuenta de que hemos pasado una tarde y una noche aquí?

- Si, creo que toda la actividad nos dejó muy cansados.

- ¿Tengo hambre, quieres que te prepare el desayuno?

- Eso sería genial. No tengo ganas de salir hoy.

- Yo tampoco, acabo de descubrir un deporte mejor que el basketball y tengo intensiones de convertirme en un experto.

Pasamos todo el día jugueteando como recién casados, de hecho aún lo éramos, teníamos dos semanas de haber contraído matrimonio y a pesar de todo lo ocurrido y de la forma como se dieron las cosas no había podido arrepentirme ni una vez.

Dos semanas más pasaron y Edward tuvo que ir a Seattle. El consejo había destituido a Marcus por el problema con la empresa de extracción y sus juicios pendientes. El juicio iniciaría en un mes y tanto Jake, Garret y yo debíamos ir a testificar cuando nos citaran. Se pudo probar que Cayo también había participado de forma activa en el soborno a los empleados del gobierno para desconocer a los quileute como administradores y protectores de La Push. Por tanto Cayo también fue detenido pero su proceso era diferente al de Marcus. Su esposa e hijos decidieron mudarse a Forks ya que no soportaron los chismes en Seattle. Y fue así como casi todos los Cullen estarían ahora aquí para hacer todo más difícil.

Por la cláusula en el testamento de Aro Cullen nosotros todavía no entraríamos en posesión de la herencia hasta dentro de 11 meses si para entonces seguíamos viviendo juntos. Pero ahora estábamos más unidos que nunca y nada podría cambiarlo.

- Bella sé que tal vez no sea buena idea con todo lo que ha pasado pero tía Didyme ha organizado una cena familiar para recibir a la esposa y los hijos de Cayo. Y estamos invitados. También irán mis padres. Es el próximo sábado

- Vaya el clan Cullen si los cabecillas. Suena interesante. ¿Entraremos todos?

- Será en casa de Jasper. Los otros vivirán a pocos metros de allí. El consejo ha reducido su pensión mensual, además ellos no soportaban el trato que les estaban dando en Seattle, vivir aquí les saldrá mas económico, incluyendo el instituto ya que Heidi y Alec estudiaban en Tacoma, yo fui a esa preparatoria porque mi abuelo insistió. Es muy costosa y los alumnos unos pedantes, no todos claro.

- ¿Entonces todos vivirán aquí?

- No sólo tía Athenodora, Jane y Alec. Félix trabaja en un gimnasio y Demetri por fin entro a la CIA. Tía Heidi vive con Didyme y Tanya. Sus otras hijas se quedarán a vivir en Port Ángeles y Seattle. Pero para esta cena todos estarán presentes.

- ¿Todos? Ya estoy nerviosa, ¿tendré que vestir formalmente?

- Lo que te pongas estará bien para mí. Pero me gustaría que uses un bonito vestido.

Y por ese bonito vestido Alice me arrastro por muchas tiendas en Port Ángeles.

- Alice, estoy cansada, me duelen los pies y ya no quiero probarme más ropa.

- Tienes que verte genial Bella, tus primas son muy guapas no quiero que desentones, te peinaré y maquillaré y vas a ver que bien quedas.

- Yo no quiero ir a esa tonta cena.

- Edward tiene que estar allí, no vas a darle el gusto a Tanya de caerle encima toda la noche ¿verdad?

- Antes le arranco los cabellos.

- Así me gusta Bella

Encontramos un vestido azul muy ceñido que a Alice le pareció genial. Yo tenía mis dudas, no era mi estilo pero se veía muy sexy.

El día de la cena estaba nerviosa, sólo había visto a todos reunidos en mi boda y no había pasado de un saludo y un abrazo. ¿De qué podría hablar con ellos?

Llegamos en nuestro auto como a las 7 pm el clima estaba empezando a cambiar y hacía un poco de frío pero ya no llovía.

- Te vez tan hermosa que no creo que nos quedemos mucho tiempo.

- No te entiendo.

- Estas llevando una vestido que no me va a dejar concentrarme en la cena y dudo que pueda entablar una conversación con alguien sin dejar de mirarte.

- Edward, es sólo un vestido.

- No mi amor, no es sólo un vestido, es una pieza sensual diseñada exclusivamente para hacerme perder la razón

- Edward Cullen deja de mirarme así- Sentí que me ruborizaba y él soltó una carcajada.

- Estas tan pero tan linda y sexy que quiero que te mantengas en el rango de mi vista todo el tiempo preciosa. Y a penas podamos nos iremos a casa a continuar la velada.

- Eso suena bien amor y por el bien de Tanya no la dejes que se acerque a ti. Me hice la manicure hoy.

Avanzamos hasta la puerta de la casa riendo de nuestros mutuos comentarios.

- Edward, Isabella, bienvenidos- Dijo Didyme saliendo a recibirnos.

Entramos y me sorprendió ver a tanta gente dentro, estaban todos los primos y sus parejas.

- Edward- se acercó corriendo Tanya. –Que bueno que llegaste tengo que contarte algo- dijo y tiró de él.

- Después Tanya, tenemos que saludar a todos- dijo mi esposo sin soltar mi mano y llevándome al centro del salón. Saludamos a la mayoría. Jane y Alec estaban sentados en una escalera conversando con aburrimiento. La pelirroja Victoria y su marido estaban acaramelados en un sillón. Carmen y Eleazar se acercaron a saludarnos. Eran tan agradables y atentos.

- Edward pequeño- oí una gruesa voz detrás de nosotros.

- Félix, gusto saludarte- dijo mi esposo algo serio.

- Vaya, ¿es tu esposa? Con el vestido de bodas parecía un ángel pero con esto prima te vez como una diablilla- dijo tratando de acercarse a mi y darme un abrazo, retrocedí un paso y le tendí la mano, él entendió el gesto y sonrió más, me plantó un sonoro y húmedo beso en la mano.

- Jasper- grito Edward.

–Si nos disculpas Félix- y tiró de mi hacia dónde estaba Jasper y Rosalie.

- Que asco tengo la mano llena de baba- le dije en voz baja.

Sacó un pañuelo y me lo tendió.

- Que bueno que recordaste lo de evitar sus abrazos, no habría podido contenerme si te veía en sus brazos.

- Edward, Bella qué bueno verlos juntos- Jasper como siempre tan educado.

- Hola, bienvenidos- dijo Rosalie apenas sonriendo y como siempre se marchó.

- Quería invitar a Alice pero creo que tuve miedo- dijo Jasper mirando al piso.

- No creo que deberías tenerlo- le dije con una sonrisa y esperaba que entendiera mi indirecta y de una vez se atreviera a avanzar un poco más con mi amiga.

- Hola Edward- un tipo alto y con mirada inquisidora se acercó a saludarnos.

- Demetri gusto verte- le saludó mi lindo esposo.

- Prima sabías que Edward y tu están emparentados en cuarto grado. Estuve investigando y al parecer la madre de Carlisle era prima del tu abuelo paterno. Claro que eso no es 100% seguro a menos que se tomen muestras de sangre lo cual tampoco sería definitivo.

- Gracias por la información Demetri, fue bueno saberlo- dijo Edward poniendo cara de interrogación ya que era una conversación extraña.

- Si necesitas alguna información sólo avísame- dijo y se fue hacia el comedor.

- Interesante- dije sonriendo.

- Edward, Isabella- una mujer alta y guapa apareció. Traía un vestido celeste muy escotado.

- tía Heidi- saludó Edward.

- Nada de tía, suena a vieja. Ya te he dicho que me llames sólo por mi nombre. El otro día conocí al director del instituto, un hombre muy atractivo me comentó que trabajas allí.

- Así es- contesté. –Edward trabaja en el área de música.

- Vaya los músicos son muy bien parecidos y súper románticos. Oh disculpen tengo que ayudar a poner la mesa- y salió hacia el comedor.

- ¿Está saliendo con el director del instituto?- pregunté

- Es divorciado y parece tener una buena cuenta bancaria, ya oíste que lo considera atractivo. Ya son tres de los 4 requisitos que ella necesita antes de aceptar a alguien.

- ¿Cual es el cuarto requisito?

- Que esté loco por ella.

- Vaya entonces creo que nuestro director no tiene alternativa- y sonreí más.

A pesar de tanta gente no podía sentirme tan fuera de lugar, Edward no soltaba mi mano y su familia parecía verme como una de ellos. Todos menos la resbalosa claro.

Cuando llegaron Esme y Carlisle estuvimos todos completos y pasamos al comedor. Tanya trataba de acomodarnos con la intención de separarnos claro, pero Didyme pareció darse cuenta y corrigió los lugares antes de que nos sentáramos. Aún así la insípida quedó exactamente frente a mi esposo.

- ¿Primo que tal es el instituto en este pueblo?- preguntó Jane dirigiéndose a Edward.

- Es muy tranquilo y sencillo, los chicos son agradables, nada pretenciosos, incluso los vehículos que usan no son ostentosos.

- Espero que podamos tener auto para poder movilizarnos, no me hace gracia tener que ir en el auto de Jasper o Rose todos los días- dijo la niña haciendo mueca de fastidio

- ¿Ya tienen permisos de conducir?

- Los sacaremos el próximo mes aún- dijo Alec

- Si Edward- dijo Tanya sonriéndole –Eso quería contarte. El cumpleaños de Jane y Alec es el viernes que viene. Sé que las cosas no están para fiestas pero no podrán negarnos un poco de diversión. ¿Que tal si vamos todos a alguna discoteca o a algún bar del pueblo?

Edward me miró y entendí lo que quería decirme. Ya estábamos desarrollando una especie de comunicación por señas y miradas.

- Hay sólo una discoteca en Forks- dije sin dudar. Aunque no la conocía por dentro, estaba ubicada en la calle principal nunca había tenido deseos de ir ya que yo odiaba bailar.

- Este pueblo es más pequeño de lo que pensaba. Seguro que sólo nosotros la llenaremos- dijo Tanya un poco desanimada.

- Esta semana podremos invitar a nuestros compañeros- dijo Jasper.

- Es una lástima que ninguno de nuestros amigos pueda venir a este fin de mundo- dijo Alec haciendo un puchero.

- Si es aburridísimo este lugar- dijo Victoria hablando por primera vez.

- Pero la caza aquí es excelente cariño, hay osos muy grandes- su esposo parecía tal y como de dijo Edward una vez, una persona desquiciada. Miraba fijamente y con descaro, parecía que quería comerme.

- Uy quisiera verte matar un par de esos grizzlis-dijo ella pegándose a él.

- No deberían perseguirlos en esta época del año, hay muchos cachorros que podrían dejar huérfanos- dijo Eleazar con preocupación. Él era una buena persona, preocupado por los animales.

La cena transcurrió con normalidad, entre comentarios altivos de Jane y las ideas extrañas de James y Laurent, el novio de Irina, que parecían llevarse muy bien.

Pude observar también que Didyme miraba a Carlisle con admiración y tristeza.

-Gracias por venir- nos dijo Athenodora antes de marcharnos.

- Si fue un gusto verte primo- dijo Jane desde el otro lado del salón.

- Edward, no me aseguraste tu presencia para viernes en la disco- dijo Tanya acercándose otra vez a él. Esta niña necesitaba un escarmiento y yo se lo daría si se atrevía a pasarse de lista.

- No estoy seguro, quizás tengamos que viajar a Seattle.

- Tienes que ir. Anda, me debes una Eddie, recuerda que dijiste que me lo agradecerías de alguna forma. Solo te estoy pidiendo que vayas a una reunión.

- Esta bien, pero deja de llamarme así, sabes que lo odio.

- Eddie suena a muñeco primito y eso es lo que eres- dijo pícaramente y se fue corriendo. Yo le dí un tirón a Edward, entendió y salimos más rápido.

Los días pasaron rápido y otra vez fui arrastrada por Alice a Port Ángeles para comprar los regalos para los gemelos y más ropa para la pequeña fiesta en la discoteca. Alice parecía especialmente feliz.

- Bella, Jazz me invitó, dijo que quería ir conmigo- y dio unos ligeros saltitos, de esos que demostraban que estaba más que feliz.

- Me alegro amiga, estaremos cerca entonces, no sé que se trae Tanya pero si algo pasa debes contenerme, ya sabes que suelo descontrolarme y no sería bueno en una fiesta.

- Sé que eres un poco agresiva Bella, pero no creo que le saltes encima a la resbalosa. Oye mira que bonitos zapatos- dijo corriendo a una vitrina.

El viernes por la mañana todo el instituto parecía saber de la fiesta, Jessica no paraba de hablar de lo guapo que le parecía Alec. Jane no parecía ser del agrado de todos siempre estaba quejándose y haciendo comparaciones con su antigua escuela pero Alec parecía haberse adaptado mejor. Tanya había invitado hasta al personal de limpieza, me preguntaba que estaría tramando. Se veía especialmente radiante.

- Estamos muy contentas hoy verdad Tanya- dijo Alice notando que la insípida no paraba de reírse.

- Desde luego que si, es un día especial, toda mi familia estará allí. ¿Tú y tu amiga vendrán?- dijo mirándonos.

- Pues creo que si. A mi me invitó Jasper y creo que mi amiga si irá porque es una fiesta de los Cullen y ella es una Cullen. ¿Cómo me dijiste que era tu apellido Tanya?- le respondió Alice con ironía.

Pero ese comentario no pareció afectar el buen humor de Tanya.

- Sé que algo se trae- dijo Alice. –Puedo sentirlo y presiento que es algo grande. Ten cuidado Bella, hagas lo que hagas no dejes sólo a Edward hoy.

- No tienes que decirlo Alice, estaré vigilando.

*

-Brujita, estoy feliz- era el grandulón sonriendo.

- ¿Y ahora porqué Emmet?- pregunté sin mucho interés.

- A que no sabes quien me preguntó si iría a la fiesta- dijo con una gran sonrisa.

- ¿La otra insípida?- le dije ya casi sin paciencia.

- No la llames así. Ella es la mujer más bonita del mundo. Estas celosa, lo sé no soportas su belleza y su elegancia. Tú eres como un patito feo, siempre andas en el piso porque tienes dos pies izquierdos- me acusó.

- Yo no tengo celos de una Barbie y mis pies izquierdos no te interesan Em, además a ti nadie te ha invitado- casi le grité

- Es cierto. ¿Hermanita me invitas?-me rogó.

- Claro que no, me has llamado patito feo, busca a alguien que lo haga, no cuentes conmigo- y lo dejé en el pasillo hecho un lío.

*

Por la tarde Alice vino a casa para arreglarnos juntas. Jasper pasaría por ella al atardecer, la había invitado a cenar antes de ir a la fiesta.

- Bella, sé que hoy me lo pedirá, estoy segura- dijo mi amiga saltando otra vez.

- ¿Y que le contestarás?- pregunté

- Que se había tardado mucho. Claro que lo aceptaré Bella, lo sabrás por mi expresión cuando lleguemos a la fiesta, tal vez demoremos un poco por allí.

Había tanta expectativa por esta fiesta que empezó como una simple reunión que me causaba algo de miedo. Sentía que algo se avecinaba pero no podía intuir como me afectaría.

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Bellany G.
**Te Amo, Je t'aime, Suki Desu, Ti voglio, I Love You**

ESA NANA

Capìtulo 18. Resistiendo La Tentación


“¿Qué va mal?” pregunté, levantándome del asiento.

“Mira por el retrovisor”

Miré y mis ojos se abrieron “Esto es-” empecé, preparándome para soltar una tanda de insultos. No pude terminar de hablar, porque Edward me tapó la boca con su mano. “¿¡Cuánto tiempo ha estado siguiéndonos!?” demandé.

“Sólo me percaté de su coche cuando abandonamos el restaurante. No supe que era él. Podría haber estado con nosotros en el parque, no estoy seguro porque no lo vi, pero ahora que las luces de los otros coches me mostraron su cara, sí que lo vi. Bella vamos a tener que pedir una orden de alejamiento.”

Miré otra vez al coche rojo que iba detrás de nosotros. El chico necesita una nueva vida. “Limitémonos a volver. No le permitamos saber que lo hemos visto” Le dije a Edward.

Asintió y aceleró.

Jacob vuelve. ¿¡Por qué no puede dejarme en paz!?

El camino de regreso fue silencioso, lo que fue bueno porque estaba profundamente perdida en mis pensamientos. ¿Se bajaría del coche y nos seguiría hasta la habitación? Y si lo hace, ¿Qué le diría? No quería poner las cosas peor de lo que ya estaban…

No debí estar preocupada, porque, cuando llegamos al campus lentamente se fue. Otra vez.

Suspiré agotada cuando caminábamos hacia dentro de la habitación.

“Si ha vuelto” dije, alzando la mirada hasta Edward “Va a estar mañana en clase”

“No ha intentado nada antes, así que con mucha suerte, no intentará nada ahora. Nos aseguraremos de todas formas que no llegues demasiado temprano para que haya gente por alrededor”

Asentí y cogí mi pijama de la cama, así podría cambiarme en el baño. Cuando entré, me di cuenta de algo. Primero, no podía alcanzar la espalda para desabrochar el vestido, y me tenía que apoyar en algo para que mis manos pudieran moverse y ¿Cómo voy a ponerme los pantaloncitos? Alice me había estado ayudando y tendría que llamarla ahora.

Cojeé hasta la habitación para encontrar a Edward ya vestido en un par de bóxers “normales” y con una camiseta, tumbado en la cama. Levantó la vista hacia mí con una expresión interrogativa, probablemente se preguntaría por qué estaba aún vestida. Entonces vi en sus ojos la comprensión.

“¿Podrías llamar a Alice?” pregunté. Asintió y cogió su móvil de su mesita de noche y marcó el número. Después de un rato lo cerró y me miró con ojos incrédulos.

“No lo coge. Sale el contestador”

“Intenta con Rose” ofrecí.

Vi como marcaba de nuevo un número y esperó. Otra vez lo cerró, pero esta vez, incluso ni me había mirado.

“¿Y bien?” pregunté impaciente. Realmente quería dormir…

“No lo coge tampoco” contestó, un poco incómodo.

¿Por qué esa incom- oh Dios- no, no, no. Pude sentir mis ojos abrirse cuando me di cuenta de qué era lo que provocaba esa incomodidad.

“si quieres puedo bajar y mirar por qué no lo cogen” ofreció, esperanzado.

Permití salir un suspiro de alivio “¡Sí por favor! Apostaría a que ellas no habían escuchado sus móviles o algo” respondí, imitando su tono esperanzado.

Lo vi elevarse de la cama y ponerse un par de pantalones sudados, entonces salió corriendo de la habitación. Empecé a recorrer de arriba abajo la estancia con las muletas. Rose o Alice tendrían que estar allí.

Aún estaba paseando cuando más o menos 5 minutos después escuché la puerta cerrarse. Escuché intencionadamente, intentando distinguir entre sonidos y averiguar si había más de una persona. Sólo había una, y sabía perfectamente que esa una era Edward.

Se adentró en la habitación y continuó hasta la cama, volviendo a la posición que tenía la primera vez que yo entré.

El silencio era tenso y me estaba poniendo de los nervios “¿Y bien?” pregunté impaciente, otra vez.

“No había nadie allí” respondió con un tono monótono, mirando a la pared contraria a la suya.

Sentí mi corazón hundirse ¿Dónde podían estar?

Cómo si hubiera escuchado mi pregunta, habló “No sé dónde pueden estar a estas horas…”

¿Qué hago? Tengo que quitarme el vestido. Pero pensar en Edward quitándomelo, a mi corazón le entraba pánico.

“Confío en ti, Edward” dije, dándole una sonrisa agitada.

Se vio confuso por un momento y entonces sus ojos parecieron comprender lo que quería decir.

“¿Estás segura?” preguntó. Parecía inseguro por algo.

“Estoy segura” confirmé.

“Vale” dijo, girando su mirada hacia mí. Esperé a que se moviera y se levantara de la cama pero él seguía ahí, tumbado, mirándome.

“Es para hoy” bromeé. Sacudió la cabeza como queriendo aclarar las ideas y lentamente se levantó. Verdaderamente parecía asustado.

“¿Estás segura?” preguntó otra vez, cuando se acercó a mí. Asentí con la cabeza e intenté actuar con calma, lo cual no era nada comparado con las mariposas que revoloteaban en mi estómago. Gracias a Dios llevo la nueva ropa interior y sujetador que Alice me había dado. Ahora que lo pienso, había estado muy insistente con que me lo pusiera. No podría haber planeado su ausencia ¿no?

Me giré con las muletas para que así pudiera desabrocharme el vestido. Cuando sus manos tocaron mi espalda, sentí el color subir por mis mejillas lentamente. Esto era demasiado embarazoso. Pero estamos saliendo ahora, no es nada del otro mudo…

Respiré hondo cuando sentí que lentamente aflojaba la cremallera hasta abajo. Escuché una inspiración agitada, y estaba segura de que no era mía desde que yo estaba sosteniendo la respiración. Mi espalda entera ya estaba expuesta a él. Abrió el vestido y lo dejo caer.

Oh Dios mío, tengo que girarme. Tiene que quitarme la escayola.

Me moví hacia la cama y me di la vuelta, así me podría sentar. Me dejé caer y cuidadosamente apoyé las muletas contra la cama a mi lado. Sabía que mi cara debía parecer probablemente un tomate pero alcé la mirada hasta Edward cuando me di cuenta de que no había ningún tipo de movimiento hacia mí.

Estaba helado en su sitio y mirándome con unos enormes ojos. Bien, no soy la única ruborizada.

Cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando también, su mirada rápidamente se desplazó hasta el techo.

“Edward, tienes que ayudarme a quitarme la escayola y luego ponerme los pantalones” dije.

Continuó mirando al techo como si fuera la cosa más interesante en el mundo.

Esperé pacientemente y cuando finalmente respondió, su voz era ronca y apenas un susurro.

“Bella, no creo que pueda hacerlo, estar tan cerca de ti cuando estás…casi desnuda…y poder controlarme”

‘Casi desnuda’, Esas dos palabras hicieron que se incrementara la velocidad de la sangre hacia mi rostro. Parece que voy a estar roja por varios días…hombre, cuánto antes terminemos con esto mejor. Él no es el único con temas hormonales.

Suspiré “Edward, quiero ir a dormir. Estoy cien por cien segura que no harás nada. Ahora vamos”

Volvió a cambiar su mirada hacia mis ojos y sólo mis ojos y comenzó a moverse hacia mí. En todo el camino, no despegó su mirada de la mía y comencé a darme cuenta de lo difícil que debía ser esto para él.

Se puso de rodillas enfrente de mí y empezó a buscar a ciegas el cierre de la escayola porque aún no había movido sus ojos de los míos.

Cuando la quitó, alcanzó detrás de mí los pantalones cortos y metió un pie en un agujero. Entonces agarró mi pierna mala y se heló. Tendría que mirar abajo para asegurarse de que no me hacía daño. Observé su frente ceñida en concentración y sus ojos verdes contemplando los míos, y rápidamente bajó la mirada hasta la pierna. Lentamente me pasó el pantalón por la pierna y mi cara empezó a quemarse cuando sus ojos viajaron por mis piernas cuando llevó los pantalones hasta los muslos. ¿En qué estaba pensando cuando dije que él debería hacerlo?

Puse mi agitada mano sobre él para pararlo “Pued…puedo seg…seguir yo desde aquí” tartamudeé.

Sus manos se helaron debajo de las mías y me miró por debajo de sus largas y negras pestañas; sus ojos verdes abrasadores. En ese mismo instante, me olvidé de cómo respirar y me congelé también, perdida en su mirada. Luego, ligeramente, comenzó a inclinarse hacia mí, y yo, inconscientemente hice lo mismo; hasta que nuestras narices se tocaron y pude sentir su dulce respiración en mi rostro. Él movió sus labios hacia mi mandíbula y comenzó a bajar hasta mi cuello, y luego subió, dándose paso hasta mi boca. Abrí ésta para decirle que parara, antes de que pasara algo de lo que nos pudiéramos arrepentir. Pero él simplemente atrapó mi boca con la suya y me olvidé de todo lo que tenía que decir. Levanté mis manos hasta rodear con ellas su cuello, trayéndolo más cerca de mí, cuando su beso comenzó a ser más urgente. Se iba echando sobre mí y quitó sus manos de mis lados hacia la cama, para quitar las muletas de allí.

El sonido de las muletas al estrellarse contra el suelo pareció romper cualquier trance en el que estuviéramos, porque en un instante, nos helamos, lentamente despegamos nuestros rostros del otro y apartamos la mirada.

Qué embarazoso…

No quería pensar en hasta dónde íbamos a llegar. Él aún estaba arrodillado frente a mí, pero yo no podía reunir las fuerzas necesarias para mirarlo. Alcancé los pantalones por donde los había dejado y me los puse completamente.

Cuando me estaba poniendo la camiseta por la cabeza, escuché su voz. Pero era tan silenciosa que tuve que esforzarme por escucharlo.

“Bella, lo siento” dijo, con una nota de súplica en su voz.

“No fue todo culpa tuya, yo no estaba precisamente mostrando resistencia” contesté poniendo mis agitadas manos sobre mi regazo.

“No” rechazó. “Tú confiaste en mí, ¿y quién sabe lo que hubiera ocurrido de tú no haber tenido muletas?” preguntó, levantándose.

Yo simplemente me eché hacia atrás hasta quedar tumbada en la cama para calmar el bombeo de mi corazón, ralentizando la respiración y viendo como caminaba hasta su lado de la cama.

“Edward, no habríamos hecho nada” le aseguré. Sí claro…

“Si estás segura. No sé como confías tanto en mí…”

“Estoy segura”

Vi como daba un suspiro de alivio y se tumbó en la cama también.

Cuando apagó las luces y echó un brazo a mi alrededor, me entretuve pensando en las diferentes maneras de matar a Alice mañana.

Pude sentir sus dedos acariciando mi rostro y me di cuenta de que pensaba que aún estaba dormida. Así que lo pillé desprevenido. Cuando llegó a mis labios, sonreí, y él lo notó.

“Buenos días Bella” dijo sonriendo, cuando abrí los ojos.

Lo miré y había algún tipo de emoción en sus ojos. Una emoción que me era familiar pero no caía en este momento.

“Ey, ¿Qué hora es?” pregunté, recordando que hoy tenía clase.

“Tienes como una hora antes de las clases. Pero no te preocupes, Alice viene a por ti” Añadió cuando vio pánico en mi cara e inclinó su cabeza hacia el armario.

Levanté la mirada y por supuesto, una diminuta duendecilla estaba en el armario, de rodillas, buscando algo. No había olvidado lo que había hecho ayer, pero ya buscaría la forma de hacérselo pagar más tarde.

“Buenos días Alice” la llamé cuando me senté en la cama.

Se dio la vuelta y exclamó “¡Bella!” Las cosas como estas hacen que sea muy difícil estar enfadada con ella.

Como 45 minutos después, yo ya estaba vestida y lista para irnos. Todo estaba planeado: Edward me llevaría a clase y llegaría a tiempo. Cogería el asiento más alejado posible de Jacob y tan pronto como tocara el timbre Edward estaría fuera esperándome para irnos.

Las cosas no pasaron como lo teníamos planeado. Cuando llegamos, seguros de que habría la suficiente gente como para que Jacob no se atreviera a enfrentarme, no pensamos en que el único sitio libre que quedara fuera el de su lado.

Podría decir que Edward no estaba muy feliz con ello pero él tenía que ir a clase también. Así que mientras me daba un besito en la frente, me dijo que lo llamara si algo iba mal.

Encogí los hombros y me dirigí hacia un radiante Jacob. La malvada sonrisa que me dio era muchísimo más diferente que las que me daba antes cuando éramos amigos…

Cuando lentamente me senté, se giró en su silla y me miró. Espero que no haga eso durante la clase.

Cuando tumbé las muletas, sentí mi móvil vibrar en mi bolsillo, señalando que tenía un mensaje de texto. Lo abrí para leerlo y la sonrisa que apareció en mi cara hizo que mis mejillas me dolieran.

Jayden: Kedat sntada x un min mas; m ncargare d ls problms cn tu sitio.

Levanté la mirada para encontrármelo sonriendo un par de asientos más atrás y sonreí confirmándole el mensaje. Vi cómo recogía sus libros, se levantaba y fue hacia el profesor. Pude ver como sus labios se movías y un par de veces se giró para señalarme. Después, vi como el profesor le preguntaba unas cosas y él asentía.

El profesor me miró, y luego miró a Jacob “¿Señor Black, verdad?” lo llamó.

Vi como Jacob asentía con la cabeza por el rabillo del ojo y frunció el ceño.

“¿Le importaría cambiarse con el Señor Strom?” le preguntó el profesor.

Jacob tercamente cruzó los brazos en su pecho y sacudió su cabeza. “No veo el por qué deba cambiarme, yo estaba aquí antes” el comportamiento infantil con el que lo dijo hizo que varios estudiantes lo mirara con cara de sorpresa.

El profesor desde su tono amable cambió al de autoridad “Señor Black es necesario que se cambie usted con el Señor Strom hoy. Si aún tiene algún problema con ello, podemos discutirlo en mi oficina”

Jacob dejó salir la rabia cuando se levantó y recogió las cosas “Te veré luego Bella” prometió.

Completamente lo ignoré y sonreí a Jayden que caminaba hacia mí. Cuando se sentó en el sitio en el que previamente estaba Jacob, lo miré de forma sospechosa.

“¿Qué le dijiste al profesor?”

Se encogió de hombros “Sólo le dije que eras mi prima con minusvalía psíquica por el momento. Tenía que estar al lado tuya en el caso de que necesitaras algo. Además es un gran fan del baloncesto” añadió, guiñándome.

El ser amigos realmente podría funcionar.

“Gracias, es la segunda vez ya” le dije, aún sonriendo. Me devolvió la sonrisa y se giró hacia el frente donde el profesor había comenzado su lectura.

Edward no estará muy feliz cuando escuche que Jayden me ayudó, pero mi seguridad es lo que importa ¿no?

Cuando la clase terminó, Jayden me esperó pacientemente hasta que me puse de pie con las muletas, y cuando íbamos a salir, se giró para hablar conmigo.

“Los amigos se ayudan los unos a los otros ¿no?” preguntó dudoso. Yo asentí.

“Bien, te vi con Edward caminando hacia aquí juntos, así que ¿estáis saliendo?” asentí otra vez, preguntándome adónde quería llegar.

“Aquí viene, pero, ¿le dirás que he sido yo quién te ayudó?” preguntó.

“¿Te gustaría que lo hiciera hoy?” pregunté. Él asintió y sonrió. “Lo haré, ¡Muchas gracias Jayden! Te abrazaría ahora mismo, pero no puedo” dije, mostrándole las muletas “y no sé cómo se lo tomará Edward, pero gracias”

Sonrió y cuando se iba escuché un silencioso “Siempre”

Me encontré con Edward y comenzamos a caminar hasta mi siguiente clase.

“¿qué era eso?” preguntó, refiriéndose a mi charla con Jayden. Podría decir que estaba intentando mantener la calma pero se le veía un indicio de preocupación.

“Relájate Edward, sólo somos amigos ¿Crees que volvería con él después de lo que me hizo?” intenté tranquilizarlo.

Suspiró “Lo sé, sólo quería asegurarme. Pero ¿De qué estaban hablando? Oh y Jacob no te ha molestado ¿no?”

“No, Jayden me salvó” dije, un tanto triunfante. Me envió una mirada confusa como diciendo ‘¿qué?’

Así que como a una orgullosa madre, le empecé a explicar cómo Jayden vino en mi rescate, y luego sin tenerlo planeado le dije lo que Jayden me había pedido al final de la clase. Estaba de pie, esperando a que me respondiera.

“Si estás cien por cien segura de que no intentará nada, entonces no me importa…” terminó diciendo.

“Estoy segura de que no” dije, sonriéndole.

“Bien, porque tú eres mía” dijo, sonriendo.

Estuve un poco distraída el resto del día. Mi mente estaba pensando en qué haría con Jacob y mi corazón me anticipaba a ver a Edward otra vez. Cuando fue finalmente la hora del almuerzo, caminé lo más rápido posible con las muletas hacia el comedor. Edward se encontró conmigo cuando ya iba a medio camino para llegar y hablamos de cosas sin sentido. Luego recordé el escenario de anoche y le expliqué mi opinión de lo que su hermana había hecho. Después de hablar un poco, decidimos, que íbamos a jugar con Alice.

“Hola Alice, Rose” saludé educadamente cuando nos sentamos en la mesa.

Ambas me miraron y me enviaron sonrisas.

“¿Cómo estás Bella?” Rose me preguntó cautelosamente. Estaba casi segura de que la idea había sido de Alice, pero había arrastrado a Rose con ella, por eso le iba a dar un respiro.

“Bien, gracias” ahora puse toda la atención en Alice y le di un codazo a Edward en la pierna para llamar su atención.

Lentamente me giré hacia él y le di lo que era una sonrisa con intención de flirteo. Puse mi cabeza en un ángulo para ver la reacción de Alice al ver lo que decíamos.

“Edward, creo que vamos a necesitar más nata montada” lo suficientemente alto como para que todos los de la mesa nos oyeran, mientras ponía los codos en la mesa inclinándome más cerca de él. Le di una mirada a Alice y ésta parecía tener una expresión confusa en su rostro.

“¿Nata montada? ¡Yo quiero!” gritó Emmett. Le di una mirada interrogante pero rápidamente cambié mi atención en Edward, el cual habló.

“¿Estás hablando de anoche?” preguntó, moviendo sus cejas sugerentemente. Asentí.

“¿Cuánto más tú crees que necesitaremos?” continuó preguntando, sus labios se volvieron en una sonrisa secreta. Wow, ¡realmente sí que es un buen actor!

Miré a Alice y la comprensión se hizo paso poco a poco por su rostro.

Pretendí parecer pensativa “Bien…si es algo como lo de anoche, podrías también comprar todo lo que la tienda ofrece” ronroneé. Ugh, sueno como Lauren.

“¡Bien! ¡Eso deja más que suficiente para mí!” Emmett continuó, sonriendo de oreja a oreja. ¿No podía decirle que esta conversación no le incumbía a él?

Alice le estaba enviando ahora miradas nerviosas a Rose, cuyos ojos estaban muy abiertos.

Una misteriosa sonrisa apareció en la cara de Edward “Vale, tú podrías limpiar la cocina mientras yo voy a comprar” contestó, acercándose más a mí y me dijo en voz baja “Probablemente esté pegajoso por cuando nosotros-“ su voz fue cortada por un sonido de Alice que parecía un grito. Todas las cabezas de todos los del lugar estaban ahora mirando a Alice y no pude evitar dejar salir una sonrisa pícara.

“¿Qué va mal Alice?” le pregunté inocentemente.

Ignoró todas las miradas que llevaba encima y nos miró a Edward y a mí. “Tú…tú…cómo” tartamudeó. ¡La gran Alice ha hablado!

“¿sí?” Edward urgió.

“¡No…no se suponía que tenía que ser así! ¡Tú!” señaló a Edward con un dedo acusador “¡Se suponía que te tenías que controlar! ¡Se suponía que vosotros dos ganaríais más confianza!”

“Perdóname Alice, pero no entiendo lo que estás diciendo” Esto va a ser mejor de lo que pensé.

Movió sus manos frenéticamente “¡Sólo era una cita! ¡No pudisteis después de una cita! ¡Lo siento Bella! ¡Fue todo culpa mía! ¡Lo arruiné todo! ¡Ahora las cosas no funcionarán!” suplicó.

Ella tenía razón. SI algo hubiera ocurrido, habríamos corrido demasiado y eso entorpecería la relación.

Le di una mirada acusadora, y ella, dándose cuenta de lo que había dicho, me miró tímidamente.

“¿Qué fue tu culpa Alice?” preguntó Edward rechinando los dientes.

“Lo siento” chilló. Ella miró a todos los de la mesa en ayuda pero Rose era la única que sabía lo que estaba pasando y estaba demasiado ocupada mirando a la mesa. Emmett y Jasper se miraban con expresiones confusas.

“¿Puede tu disculpa tener algo que ver con el hecho de que Edward tuvo que desvestirme y vestirme anoche?” pregunté.

¿Ganar confianza? Lo único que he aprendido que ambos sucumbimos a la tentación demasiado fácilmente. Inmediatamente la perdoné, porque ella tenía buenas intenciones; buenas intenciones que se ganarían ligeramente en un giro de la situación…

Edward no la había perdonado…creo…

“¿Sabías lo cerca que estuvimos?” preguntó, claramente enfadado con ella. Una mirada esperanzadora apareció en su rostro.

“¿No lo hicisteis?” preguntó.

Sacudí la cabeza y dio un suspiro de alivio.

“Lo siento; ¡No lo volveré a hacer!”

“Está bien, no harás nada que tenga que ver con mi relación con Bella”

Agachó la cabeza y murmuró “Vale”

“Bien” Edward y yo murmuramos simultáneamente y empezamos a recoger las cosas, así nos podríamos ir.

“¡Espera!” Dijo Emmett. Lo miré y parecía realmente pensativo, y realmente confuso… “¿¡aún vais a ir a comprar nata montada!?” preguntó. Qué gracioso…

Al tiempo que volvimos a la habitación, ¡Estaba cansadísima! Inmediatamente me hundí en unos de los sillones y cerré los ojos. No me dio tiempo a cerrarlos cuando sentí a Edward a mi lado. Y desplazó mi cabeza hasta su regazo.

“¿Por qué estás cansada?” preguntó “Doy fe de que has dormido muy bien esta noche” dijo, casi riéndose, como si estuviera recordando algún chiste.

“¿qué quieres decir con eso?” pregunté confusa. Entonces comprendí y gemí “¿qué dije cuando dormía?”

Sonrió y abrió su boca para hablar pero el sonido de mi móvil lo cortó. Se levantó y lo cogió, mirando la pantalla.

“¿Jessica?” preguntó, como si estuviera recordando algo.

¿Por qué estaría llamando? No he hablado con ella desde hace mil. Eso será probablemente el porqué. Alguna amiga que tienes Bella…

Cogí el teléfono de sus manos y lo descolgué.

“¡Hey Jess!” dije. En el otro lado podía oír respirar, pero nadie respondió.

“¿Jess?” pregunté insegura “¿Hola?” aún, nadie contestaba y escuché cómo la respiración se cortaba.

Y ahí estaba el sonido al comunicar. ¿Me colgó?

“¿Qué pasó?” Edward me preguntó.

Me encogí de hombros “No sé, nadie respondió pero podía decir que había alguien al otro lado”

Qué extraño…

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Bellany G.
**Me encanta la miel...mmmmm**

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