miércoles, 2 de septiembre de 2009

Capítulo 14. Confesiones

Lentamente abrí mi camisa, dejando que el sol pegara en mi pecho. Bella me miraba con los ojos abiertos como dos grandes espejos, me reuní junto a ella y me contempló más de cerca.— Por esto no podemos salir a la luz del sol— Le dije. —Sabrían que somos diferentes— Pero ella no dijo nada, caminé unos pasos más hacia el centro de la pradera y me recosté sobre la suavidad aterciopelada de la hierva, mi piel brillaba como si estuviera bañada por millones de diamantes que a su vez brillaban como múltiples y diminutos arcoiris. Bella permaneció cerca de mi, mirándome, pero sin decir nada, me quedé inmóvil sin hacer movimiento alguno, descansando y disfrutando el leve calor del sol sobre mi piel. Solo para mi mismo tarareaba la nana que había compuesto para ella y así permanecí completamente inmóvil con los ojos cerrados.Permaneció ovillada con el mentón descansando sobre las rodillas muy cerca de mi, podía sentir su exquisito aroma mezclado con el olor de las flores silvestres, una leve brisa hacía que su esencia se dispersara por todo el lugar. Sentí el calor de su dedo sobre el dorso de mi mano, mi cuerpo tembló al contacto de esa leve caricia, sintió mi dura y fría piel pero no cesó su caricia, cuando abrí los ojos ella contemplaba mi piel y me sentí feliz de compartir mi secreto con ella.

— ¿No te asusto? — Le pregunté, quería saber que era lo que verdaderamente pensaba de mi.

—No más que de costumbre— contestó, me aceptaba, aceptaba lo que era, no había gritado ni había salido corriendo como yo había temido, sonreí con el corazón, con el alma, sonreí con todo mi ser.

Lentamente se acercó más y más hasta que pudo abarcar los contornos de mi antebrazo con la yema de sus temblorosos dedos y cerré los ojos disfrutando ese exquisito contacto.

— ¿Te molesta? —Preguntó.

—No— Respondí sin abrir los ojos. —No te puedes ni imaginar cómo se siente eso—. Y no pude contener un suspiro, había deseado tanto este momento. Su caricia avanzó por todo mi brazo, con su otra mano trato de dar vuelta a la mía y me adelanté para hacerlo, pero me dejé llevar por la emoción de su contacto y me moví muy rápido Bella se asustó y se quedo inmóvil por un segundo.

—Lo siento —Murmuré y cerré nuevamente mis ojos. Permanecí quieto otra vez anhelante de su contacto nuevamente. —Contigo, resulta demasiado fácil ser yo mismo—Tomó mi mano nuevamente y la volteo de una lado a otro, examinando mi piel muy cerca de su cara, hubiera querido acercar mi mano y acariciar su rostro pero temí asustarla nuevamente.

—Dime qué piensas —Le pedí en un susurro mientras no dejaba de mirarle a los ojos.—. Me sigue resultando extraño no saberlo.

—Bueno, ya sabes, el resto nos sentimos así todo el tiempo.

—Es una vida dura — ¿Me diría la verdad esta vez? —Aún no me has contestado—

—Deseaba poder saber qué pensabas tú —Dijo vacilante — y...

— ¿Y?

—Quería poder creer que eres real. Y deseaba no tener miedo.

Estaba asustada. Yo la había asustado.

—No quiero que estés asustada— Le pedí en un murmullo suave tratando que viera que la amaba con todas mis fuerzas y que preferiría morir a que ella sufriera por mi culpa o por la cualquier otro.

—Bueno, no me refería exactamente a esa clase de miedo, aunque, sin duda, es algo sobre lo que debo pensar.

Rápidamente me senté apoyado sobre mi brazo derecho sin retirar mi mano izquierda de las suyas, estábamos solo a unos centímetros de distancia.

—Entonces, ¿de qué tienes miedo? — Le dije sin apartar mis ojos de los suyos. Pero no contestó, de repente se inclinó aun más, instintivamente me retire velozmente de ella, fue mas bien un reflejo, no estaba preparado para eso y me había tomado completamente desprevenido. Y ahí estaba yo a seis metros de distancia, casi en el borde de la pradera bajo la sombra de un enorme abeto en un abrir y cerrar de sus ojos.
Había herido sus sentimientos, pero fue ella quien se disculpó.

—Lo... lo siento, Edward — Dijo en voz baja.

—Concédeme un momento — Le pedí para volver a tomar control sobre mi mismo.

Me tomó más tiempo del que pensé, el poder estar seguro de tener todo bajo control. Tantas veces había deseado tomarla en mis brazos, acercarla a mi, estrecharla contra mi pecho. Podría haber sido nuestro primer beso… ¿ Y que sucedió?...Muy lentamente caminé hacia ella, inhalando y exhalando. Cuando estuve a una distancia prudente me senté en hierba con la piernas cruzadas, sin dejar de mirarla a los ojos. Me sentía avergonzado por mi reacción, desilusionado de mi mismo. y Después de dos grandes suspiros le pedí disculpas en medio de una sonrisa.

—Lo siento mucho, ¿Comprenderías a qué me refiero si te dijera que sólo soy un hombre?

Asintió - No dijo nada, solo fue un pequeño movimiento de su cabeza, su pulso se aceleró y su rostro se volvió mas pálido que de costumbre.Debía jugar limpio, debía mostrarle lo que verdaderamente era, revelarle mi naturaleza, advertirle lo peligroso que era esa cercanía, tratar que entendiera que a pesar de nuestras diferencias que yo la amaba por sobre todas las cosas. Trataría que comprendiera que nunca haría nada para herirla, no por voluntad propia, y que si esto llegaba a suceder, sería solo por un desgraciado e inevitable accidente; yo nunca me permitiría exponerla, nunca, pero debía dejar que ella escogiera y yo aceptaría su voluntad.

—Soy el mejor depredador del mundo, ¿no es cierto? Todo cuanto me rodea te invita a venir a mí: la voz, el rostro, incluso mi olor. ¡Como si los necesitase!

Dejé que mi cuerpo se moviera libremente. En medio segundo llegue al borde de la pradera y luego di una vuelta a la misma para mostrarle la verdadera velocidad a la cual podía moverme.

— ¡Como si pudieras huir de mí!

Me reí amargamente y con mi mano arranqué el tronco del abeto que se encontraba junto a mi, rompí su grueso tronco sin dificultad alguna en medio de un escalofriante ruido, luego lo hice girar en el aire durante unos instantes, lo arrojé velozmente contra otro árbol que se estremeció con el golpe. En menos de un parpadeo humano estuve justo frente a ella a solo medio metro de distancia.

— ¡Como si pudieras derrotarme! —dije en voz baja.

Bella no se movió, veía el miedo en sus ojos, le mostré lo inhumano que era para que entendiera, para que comprendiera, pero sentía que no había ganado, mas bien estaba perdiendo, la esta perdiendo, quería arrojarme a su pies, llorar si pudiera. Pedirle que entendiera que mi corazón era humano, tan humano como ella, que mi cuerpo y que todo lo que podía hacer con el, no eran nada en comparación con el amor que sentía por ella.

—No temas — Le pedí, casi le rogué. —Te prometo... —No esa no era la palabra que quería emplear — , te. juro que no te haré daño.Nunca lo haría, nunca. —No temas —Le susurre mientras me acercaba a ella. Me moví muy lentamente para no asustarla más, hasta que estuve muy cerca de ella con mi rostro a la misma altura que el suyo, a 25, 5 centímetros exactamente. —Perdóname, por favor — Le pedí ceremoniosamente. — Puedo controlarme. Me has pillado desprevenido, pero ahora me comportaré mejor.

Esperé por su respuesta, pero no dijo nada, seguramente estaba en shock.—Hoy no tengo sed — Le dije tratando de que mis palabras la sacaran de su mutismo, al mismo tiempo en que guiñaba un ojo. —De verdad— Agregue.
Repentinamente Bella rompió a reír, pero era un sonido tembloroso y jadeante. Estaba seguro que estaba en shock y al borde de la histeria.

— ¿Estás bien? — Le pregunté tiernamente. Extendí mi brazo, lenta y cuidadosamente para poder volver a poner mi mano en las suyas.
Seguía sin decir nada, pero miró mi mano y después me miró a los ojos, quise que pudiera viera lo arrepentido que estaba. Luego miró nuevamente mi mano y volvió a acariciarla con la yema de los dedos. Alzó la vista y me miró con timidez.No se había desmayado, ni había salido corriendo, tampoco estaba en shock como yo había temido, aquello en vez de molestarme, como debería haber sucedido, solo me dio valor, lo que tanto necesitaba en estos momentos.

—Bueno, ¿por dónde íbamos antes de que me comportara con tanta rudeza? —pregunté utilizando lo mejor de mi vocabulario

—La verdad es que no lo recuerdo—

Aún sentía un poco de vergüenza pero le sonreí. —Creo que estábamos hablando de por qué estabas asustada, además del motivo obvio—

—Ah, sí—

— ¿Y bien? —

No dijo nada, nuevamente, solo siguió acariciando mi mano y luego la palma de esta.

— ¡Con qué facilidad me frustro! — Le dije.

Me miró a los ojos, pero no pude comprender los motivos que la hacían dudar, estaba seguro que no me temía, no del modo que debía hacerlo, no me temía aun después de ver todo lo que era capaz de hacer o hacerle. Era otro su miedo pero no podía identificarlo.Volvió a mirar mi mano y dijo en voz baja:

—Tengo miedo, además de por los motivos evidentes, porque no puedo estar contigo, y porque me gustaría estarlo más de lo que debería.
¿Dijo que le gustaría estar con migo? Si de algo estaba seguro era de no tener problemas de audición, mi cuerpo se infló de esperanza, pero yo sabía que no le convenía quererme como yo la quería.

—Sí —Admití lentamente. —Es un motivo para estar asustado, desde luego.

¡Querer estar conmigo! En verdad, no te conviene nada.

—Lo sé. Supongo que podría intentar no desearlo, pero dudo que funcionara.
Posiblemente se sentía lo mismo que yo, posiblemente también me amaba pero sabía muy en el fondo que eso no era conveniente.

—Deseo ayudarte, de verdad que sí — Le respondí con la mayor sinceridad que me fue posible. —Debería haberme alejado hace mucho, debería hacerlo ahora, pero no sé si soy capaz.

—No quiero que te vayas — Me suplicó al mismo tiempo en que me miraba intensamente a los ojos. Era la primera vez que mi miraba de esa manera. Bueno era la primera vez que alguien me miraba de esa manera, me sentí extrañamente cohibido y eso hizo que desviara la mirada, algo avergonzado por su intensidad.

—Irme, eso es exactamente lo que debería hacer, pero no temas, soy una criatura esencialmente egoísta, anheló demasiado tu compañía para hacer lo correcto.

—Me alegro.

— ¡No lo hagas! — Le dije un tanto molesto con migo mismo, retiré mi mano, teniendo cuidado esta vez para no asustarla, claro que si no lo hacían mis actos tal vez mis palabras lo hicieran.

— ¡No es sólo tu compañía lo que anhelo! Nunca lo olvides, nunca olvides que soy más peligroso para ti de lo que soy para cualquier otra persona… Y no pude decir nada más.

Después de un momento de mutuo silencio Bella agregó:

—Creo que no comprendo exactamente a qué te refieres... Al menos la última parte.

¿Sería posible, que después de todas las cosas que le había mostrado en estas últimas horas, luego de haber confesado una y otra vez lo que mi presencia significaba para ella; que no entendiera?

— ¿Cómo explicarte? — Le dije. — sin aterrorizarte de nuevo...Volví a poner mi mano sobre las suyas, fue casi instintivamente ya que deseaba aquel cálido contacto, al comprender lo que había hecho miré nuestras manos y suspiré… Ya me podía ver a mi mismo acostumbrado a eso, era tan fácil amarla y tan exquisito tu contacto.

—Esto es asombrosamente placentero... el calor—Su contacto, la cercanía de nuestros cuerpos, su respiración casi golpeándome. El pulso sobre su muñeca, el calor que subía por mi mano hasta mi brazo. Su ojos abiertos para mi. Su olor quemando mi garganta …

—Sabes que todos disfrutamos de diferentes sabores. Algunos prefieren el helado de chocolate y otros el de fresa.

Asintió.

—Lamento emplear la analogía de la comida, pero no se me ocurre otra forma de explicártelo — La comparación de verdad hacia que me sintiera avergonzado y miserable.

Bella sonrió, seguramente para infundirme valor y yo sonreí lleno de pesar.

—Verás, cada persona huele diferente, tiene una esencia distinta— Trate de explicarme lo mejor posible. —Si encierras a un alcohólico en una habitación repleta de cerveza rancia, se la beberá alegremente, pero si ha superado el alcoholismo y lo desea, podría resistirse.Supongamos ahora que ponemos en esa habitación una botella de brandy añejo, de cien años, el coñac más raro y exquisito y llenamos la habitación de su cálido aroma... En tal caso, ¿cómo crees que le iría?... — Al parecer había escogido mal el ejemplo y ella seguramente no entendía nada de lo decía ya que permaneció en silencio, pero no apartó su mirada de mis ojos, maldecía el no poder leerle el pensamiento una vez mas. Cuando ya no pude aguantar más la curiosidad y el silencio le dije:

—Tal vez no sea la comparación adecuada. Puede que sea muy fácil rehusar el brandy. Quizás debería haber empleado un heroinómano en vez de un alcohólico para el ejemplo—¿Sería ese un buen ejemplo? Me devané los sesos tratando de encontrar alguna buena comparación, pero era demasiado difícil tratar de explicar lo que ella representaba para mi, o por lo menos en la forma que me hacia sentir.

—Bueno, ¿estás diciendo que soy tu marca de heroína? — Dijo de pronto pero en un tono juguetón. Bingo, había dado en el clavo y reí de buena manera, si, ella había entendido perfectamente bien.

—Sí, tú eres exactamente mi marca de heroína—

— ¿Sucede eso con frecuencia? —

—He hablado con mis hermanos al respecto, para Jasper, todos los humanos son más de lo mismo, él es el miembro más reciente de nuestra familia y ha de esforzarse mucho para conseguir una abstinencia completa. No ha dispuesto de tiempo para hacerse más sensible a las diferencias de olor, de sabor —Me sentí muy mal al decir esto. —Lo siento— Le dije, verdaderamente me sentía mal al confesarles estas cosas.

—No me molesta. Por favor, no te preocupes por ofenderme o asustarme o lo que sea... Es así como piensas, te entiendo, o al menos puedo intentarlo, explícate como mejor puedas.

Agradecí estas palabras y traté de continuar…

—De modo que Jasper no está seguro de si alguna vez se ha cruzado con alguien tan... — ¿ Como continuar, como no ofenderla… tanto. Trate sin éxito de encontrar la palabra mas adecuada. —…tan apetecible como tú me resultas a mí—Fue la única palabra que podía utilizar en este caso. —Emmett es el que hace más tiempo que ha dejado de beber, por decirlo de alguna manera, y comprende lo que quiero explicar, dice que le sucedió dos veces, una con más intensidad que otra.

— ¿Y a ti? —

—Jamás— Bueno sin contarla a ella, claro.

— ¿Qué hizo Emmett? —Me preguntó después de un incomodo silencio.

Me sentía mal al hablar de mi hermano, no quería que Bella pensara que éramos unos monstruos arrastrados por la sed y el deseo, pero por otra parte mi hermano no había sentido nada por aquellas mujeres, para él no significaban nada, solo eran otras humanas, unas más del montón. Y tampoco quería que me comparara con el, no es que yo fuera mejor o peor que Emmett, pero éramos distintos o más bien la situación era distinta.De todas maneras no había una manera correcta o incorrecta de contestar a esa pregunta.

Deseé con todas mis fuerzas que no la hubiera formulado, pero de todos modos no pude contestar.

—Creo saberlo — Dijo

Levante la vista tratando de encontrar las palabras adecuadas para decirle que yo era diferente, decirle que yo era fuerte y que yo si podría superar este “pequeño inconveniente”. Al mismo tiempo trataba de creerlo, trataba con todas mis fuerzas. —Hasta el más fuerte de nosotros recae en la bebida, ¿verdad?—

— ¿Qué me pides? ¿Mi permiso? — Su voz sonaba mordaz, ¿verdaderamente creía que me daría por vencido tan rápido? No había llegado hasta aquí solo para quitarle la vida.

—Quiero decir, entonces, ¿no hay esperanza? —

Sus palabras retumbaron en mi cabeza.

— ¡No, no! — Le dije ahogando un grito. —¡Por supuesto que hay esperanza!

Me refiero a que..., por supuesto que no voy a... — No pude terminar la frase, nuevamente me miraba intensamente. Traté de explicarle.

—Es diferente para nosotros. En cuanto a Emmett y esas dos desconocidas con las que se cruzó... Eso sucedió hace mucho tiempo y él no era tan experto y cuidadoso como lo es ahora.

—De modo que si nos hubiéramos encontrado... en... un callejón oscuro o algo parecido... — Su voz se fue apagando a medida que dejaba la frase a medio terminar.

Llegaba la hora de la verdad. Hablaría con total sinceridad y suplicaría su perdón si fuera necesario, me arrastraría detrás de ella cuando se alejará de mi.

—Necesité de todo mi autocontrol para no abalanzarme sobre ti en medio de esa clase llena de niños y... — Una nube de vergüenza subió por mi rostro y se introdujo en mi boca, tomé un poco de aire y trate de continuar. …cuando pasaste a mi lado, podía haber arruinado en el acto todo lo que Carlisle ha construido para nosotros. No hubiera sido capaz de refrenarme si no hubiera estado controlando mi sed durante los últimos... bueno, demasiados años.

No lo pude aguantar más y desvié la mirada un segundo, trate de no recordar es día, no quería empeorar más las cosas. Ella estaba con la mirada perdida, seguramente estaría recordándolo también.

—Debiste de pensar que estaba loco.

—No comprendí el motivo. ¿Cómo podías odiarme con tanta rapidez...?

—Para mí, parecías una especie de demonio convocado directamente desde mi infierno particular para arruinarme, la fragancia procedente de tu piel...
El primer día creí que me iba a trastornar, en esa única hora, ideé cien formas diferentes de engatusarte para que salieras de clase conmigo y tenerte a solas. Las rechacé todas al pensar en mi familia, en lo que podía hacerles, tenía que huir, alejarme antes de pronunciar las palabras que te harían seguirme...

La miré tratando de identificar las emociones que afloraban en su rostro, miedo, asombro. Tan cerca de la muerte había estado y ella no se había percatado siquiera.. Tan cerca de haberla perdido para siempre. Nunca habría llegado a conocer la felicidad si ese día yo…

—Y tú hubieras acudido — Le aseguré.

—Sin duda.

Mire su manos y continué con mi revelador relato. —Luego intenté cambiar la hora de mi programa en un estéril intento de evitarte y de repente ahí estabas tú, en esa oficina pequeña y caliente, y el aroma resultaba enloquecedor. Estuve a punto de tomarte en ese momento, sólo había otra frágil humana... cuya muerte era fácil de arreglar.

El cuerpo de Bella se estremeció, pero yo no podía dejar de decirle la verdad, se lo debía.
—No sé cómo, pero resistí, me obligué a no esperarte ni a seguirte desde el instituto, fuera, donde ya no te podía oler, resultó más fácil pensar con claridad y adoptar la decisión correcta. Dejé a mis hermanos cerca de casa, estaba demasiado avergonzado para confesarles mi debilidad, sólo sabían que algo iba mal...Entonces me fui directo al hospital para ver a Carlisle y decirle que me marchaba,intercambiamos nuestros coches, ya que el suyo tenía el depósito lleno y yo no quería detenerme—
No podía contener el pesar al recordar aquellos días.

— No me atrevía a ir a casa y enfrentarme a Esme, ella no me hubiera dejado ir sin montarme una escenita, hubiera intentado convencerme de que no era necesario... A la mañana siguiente estaba en Alaska, pasé allí dos días con unos viejos conocidos, pero sentí nostalgia de mi hogar. Detestaba saber que había defraudado a Esme y a los demás, mi familia adoptiva. Resultaba difícil creer que eras tan irresistible respirando el aire puro de las montañas. Me convencí de que había sido débil al escapar. Me había enfrentado antes a la tentación, pero no de aquella magnitud, no se acercaba ni por asomo, pero yo era fuerte, ¿y quién eras tú? ¡Una chiquilla insignificante! — La sola idea de pensar que ella era insignificante me pareció gracioso.

—¿Quién eras tú para echarme del lugar donde quería estar? De modo que regresé... Tomé precauciones, cacé y me alimenté más de lo acostumbrado antes de volver a verte, estaba decidido a ser lo bastante fuerte para tratarte como a cualquier otro humano, fui muy arrogante en ese punto. Existía la incuestionable complicación de que no podía leerte los pensamientos para saber cuál era tu reacción hacia mí. No estaba acostumbrado a tener que dar tantos rodeos. Tuve que escuchar tus palabras en la mente de Jessica, que, por cierto, no es muy original, y resultaba un fastidio tener que detenerme ahí, sin saber si realmente querías decir lo que decías. Todo era extremadamente irritante.
No me gustó recordar a esa desagradable humana en esos momentos tan trascendentes para mi.

—Quise que, de ser posible, olvidaras mi conducta del primer día, por lo
que intenté hablar contigo como con cualquier otra persona. De hecho, estaba ilusionado con la esperanza de descifrar algunos de tus pensamientos. Pero tú resultaste demasiado interesante, y me vi atrapado por tus expresiones... Y de vez en cuando alargabas la mano o movías el pelo..., y el aroma me aturdía otra vez.Entonces estuviste a punto de morir aplastada ante mis propios ojos. Más tarde pensé en una excusa excelente para justificar por qué había actuado así en ese momento, ya que tu sangre se hubiera derramado delante de mí de no haberte salvado y no hubiera sido capaz de contenerme y revelar a todos lo que éramos. Pero me inventé esa excusa más tarde. En ese momento, todo lo que pensé fue: «Ella, no».
Cerré mis ojos. Por una parte me sentía feliz de hablarle con la verdad, con toda la verdad. Las palabras salían disparadas de mi boca, sólo sabía que ella me escuchaba y que por fin me entendía.También me sentía aliviado de compartir todo aquello por lo cual había pasado desde que ella entró irremediablemente en mi vida. Pero también estaba la vergüenza que sentía al admitir que había sido un gran, débil y miserable cobarde.

— ¿Y en el hospital? — Preguntó clavando los ojos en mi.

—Estaba horrorizado. Después de todo, no podía creer que hubiera puesto a toda la familia en peligro y yo mismo hubiera quedado a tu merced... De entre todos, tenías que ser tú. Como si necesitara otro motivo para matarte — Recordé el enfrentamiento con mi familia. Recordé a Jasper y su idea de eliminarla. —Pero tuvo el efecto contrario — Le dije tratando de recobrar el coraje. —Y me enfrenté con Rosalie, Emmett y Jasper cuando sugirieron que tal vez te había llegado la hora... Fue la peor discusión que hemos tenido nunca, Carlisle se puso de mi lado, y Alice — No pude evitar pensar que Alice estaría en este momento saltando de felicidad.

—Esme dijo que hiciera lo que tuviera que hacer para quedarme— Traté de no pensar en mi madre y moví mi cabeza para poder concentrarme en mi relato.

—Me pasé todo el día siguiente fisgando en las mentes de todos con quienes habías hablado, sorprendido de que hubieras cumplido tu palabra. No te comprendí en absoluto, pero sabía que no me podía implicar más contigo.
Hice todo lo que estuvo en mi mano para permanecer lo más lejos de ti, y todos los días el aroma de tu piel, tu respiración, tu pelo... me golpeaba con la misma fuerza del primer día.
Bella y yo nos miramos, Estaba tan cerca de pronunciar aquellas palabras que estaban torturando mi cabeza.

—Y por todo eso — Continué —hubiera preferido delatarnos en aquel primer momento que herirte aquí, ahora, sin testigos ni nada que me detenga.

— ¿Por qué? — Preguntó.

Había llegado el momento. Mi corazón casi me salía por la boca, sentía una sensación extraña en el estomago, pero continué adelante. Sentí como si mi cuerpo cayera de una gran altura, pero no sentía miedo, sentía alivio.

—Isabella —Cuidadosamente pronuncié su nombre completo, al tiempo que despeinaba su pelo con la mano libre; se estremeció por el contacto. —No podría vivir en paz conmigo mismo si te causara daño alguno — Clavé mi mirada en el suelo, me sentía demasiado avergonzado para mirarla a los ojo.

—La idea de verte inmóvil, pálida, helada... No volver a ver cómo te ruborizas, no ver jamás esa chispa de intuición en los ojos cuando sospechas mis intenciones... Sería insoportable — La miré a los ojos, casi podía escucharme rogando por su amor. —Ahora eres lo más importante para mí, lo más importante que he tenido nunca—

Y ahí estaba yo, por fin me había declarado al único, verdadero y eterno amor que había conocido. Aguardé esperando su reacción, fuera cual fuera, sin apartar mis ojos de ella.

—Ya conoces mis sentimientos, por supuesto. Estoy aquí, lo que, burdamente traducido, significa que preferiría morir antes que alejarme de ti —hizo una mueca—Soy idiota.

—Eres idiota — Acepté con una risa.

Nos miramos, ella también reía. Sólo nosotros podíamos estar riendo en ese momento. Nos reímos de todos los caminos que nos habían llevado hasta ese lugar, el destino o como se le llame, había hecho la jugada y nosotros habíamos enfrentado el reto. Reía de felicidad, le sonreía al futuro, quedaban atrás mis días, años, décadas de eterna soledad. La amaría eternamente, aun cuando pasaran sus años humanos la amaría. Mi existencia ya no sería más una sombra, mis noches y días no estarían más llenos de tristeza y desesperanza.La había esperado tanto tiempo.

—Y de ese modo el león se enamoró de la oveja... —Murmure, sin apartar mis ojos de ella. Desvió su mirada ocultando sus inmensos ojos mientras se estremecía levemente.
— ¡Qué oveja tan estúpida! — Dijo de pronto.

— ¡Qué león tan morboso y masoquista! — Agregué tratando de mirar hacia el futuro, tratando de ver aquella delgada línea en la cual me había propuesto caminar. No matarla, no transformarla, solo amarla día a día, tratando de vivir uno a la vez.

— ¿Por qué...? —Dijo de pronto, pero se detuvo. La miré esperando que terminará de formular su respuesta. Pero no continuó y le sonreí para infundirle valor.

— ¿Sí? —

—Dime por qué huiste antes.

—Sabes el porqué— Le dije, no comprendí muy bien a que se refería.

—No, lo que quería decir exactamente es ¿qué hice mal? Ya sabes, voy a tener que estar en guardia, por lo que será mejor aprender qué es lo que no debería hacer. Esto, por ejemplo— Y me acarició la base de la mano. —, parece que no te hace mal— Y me sonrió.

—Bella, no hiciste nada mal. Fue culpa mía—

—Pero quiero ayudar si está en mi mano, hacértelo más llevadero.

—Bueno... — Pensé un momento y le dije. —Sólo fue lo cerca que estuviste, por instinto, la mayoría de los hombres nos rehuyen por nuestra diferenciación... No esperaba que te acercaras tanto, y el olor de tu garganta... Repentinamente me calle y estudié su rostro, no pretendía asustarla. Muy por el contrario quería que se acercara nuevamente, no estaba seguro de cómo reaccionaría esta vez. Pero anhelaba su proximidad.

—De acuerdo, entonces —Dijo. Su tono de voz era relajado y tranquilo. Se llevó las manos al cuello y en medio de una mueca dijo:

—Nada de exponer la garganta—.

Toda la escena me resultó sumamente graciosa.

—No, en realidad, fue más la sorpresa que cualquier otra cosa—.Levanté la mano que tenía libre y toqué su garganta, ella automáticamente se quedó quieta. Podía sentir el cálido fluir se su sangre, su pulso acelerado, su respiración acelerándose poco a poco. ¿Que había en esas señales? ¿Temor? ¿Recelo? Quizás… ¿Deseo?...

—Ya lo ves. Todo está en orden— Le dije tratando de borrar aquella última idea de mi mente, pero su pulso se aceleraba más y más y poco a poco su mejillas se tornaban sonrosadas.

—El rubor de tus mejillas es adorable —Murmuré.Retiré lentamente mi mano de las de ella para poder acariciar su mejilla. Su piel era tan suave, tan cálida. ¿Cuantas veces había soñado con hacer esto? Ya no lo recordaba, sostuve su cara entre mis dos manos.

—Quédate muy quieta —Le pedí en un susurro, estaba seguro que mi voz temblaría en cualquier momento.

Me incliné hacia ella, despacio, disfrutando el cada segundo que me tomaba llegar hasta su cuerpo. Cuando estuve lo suficientemente cerca apoyé mi mejilla contra la base de su garganta. Una oleada de placer inundó mi cuerpo desde la cabeza a mis pies,Bella permanecía muy quieta pero podía ver como se dilataban cada uno de los poros de su piel, el aroma que expulsaban era verdaderamente embriagador. Por un momento vi al monstruo a un lado de mi mente que se adentraba en lo mas recóndito de mi conciencia hasta por fin desaparecer, ese ser ya no sería el culpable de mis tormentos, ahora debía enfrentar nuevos demonios, unos más humanos. Mi cabeza dio vueltas, bajé lentamente mis manos por su cuello para luego seguir descendiendo hasta llegar a sus hombros. Aspirando el aroma que expelía de sus poros bajé hasta su clavícula, inhalando. Que placentero podía llegar a ser el dolor, sentía la garganta a carne viva, pero no podía apartarme de ella, bajando un poco más llegué hasta su pecho escuchando los sonidos de su corazón, los escandalosos latidos de su corazón.

—Ah— Dije en un suspiro. No pude volver a pronunciar palabra alguna. Ella permaneció callada, inmóvil, no pude identificar la respuesta de su cuerpo, seguramente tendría miedo, no mucho pero el suficiente. Pero a medida que transcurrió un poco de tiempo su pulso y respiración se hicieron más acompasados y recuperaron la normalidad. No estoy seguro de cuanto tiempo permanecimos así, uno contra el otro. Pero para mi no fue el suficiente. Seguramente siempre sería así, nunca sería suficiente.Finalmente logré separarme de su cuerpo. Me sentía orgulloso de mi mismo, había pasa la prueba más dura.

—No volverá a ser tan arduo— Le dije mirándola a los ojos.

— ¿Te ha resultado difícil? —

—No ha sido tan difícil como había supuesto. ¿Y a ti? —

—No, para mí no lo ha sido en absoluto. —

Su tono de voz me hizo reír.

—Sabes a qué me refiero. — Le dije y ella me sonrío de vuelta.—Toca — Tomé su mano y la puse sobre mi mejilla que se había calentado al contacto con su piel.—¿Notas qué caliente está?

—No te muevas — Me susurro.

Cerré mis ojos y al instante me convertí en una estatua viviente. Eso era muy fácil para nosotros, podíamos estar quietos días, semanas. No teníamos que pestañear ni cambiar de posición; nunca sentíamos un dolor muscular ni de ningún tipo, nuestra única y gran urgencia era el hambre o mas bien la sed.

Bella se movió impresionantemente lento, aun para una humana, no podía verla, claro, pero podía sentirla. Su fragancia se concentró muy cerca de mi rostro, un segundo después sentí el roce de sus dedos en mi mejilla. Acarició todo el contorno de mis ojos, sentí su mano frente a mis labios, mi respiración chocaba en ella y se devolvía quemando mi interior. Otro fuego existía en mi, uno que crecía y se volvía aun mas fuerte que calor de mi sed. Era toda ella, la que hacía que sintiera ese fuego ahora no sólo en mi garganta, sino en cada parte de mi cuerpo, me dejé envolver por esa nueva sensación.De pronto y sin motivo aparente se alejó, nuevamente su contacto me resultó efímero.Abrí mis ojos aun envuelto en aquellas nuevas sensaciones, Bella me miraba y su pulso se aceleró nuevamente, podía ver el martilleo de su pulso en la garganta. Pero no eran mis dientes los que querían estar ahí, eran mis labios.

—Querría — Susurré —, querría que pudieras sentir la complejidad... la confusión que yo siento, que pudieras entenderlo.Acaricié su pelo y luego su rostro.

—Dímelo —.

—Dudo que sea capaz. Por una parte, ya te he hablado del hambre..., la sed, y te he dicho la criatura deplorable que soy y lo que siento por ti. Creo que, por extensión, lo puedes comprender, aunque — Le confesé algo avergonzado — probablemente no puedas identificarte por completo al no ser adicta a ninguna droga. Pero hay otros apetitos... — Dije mientras acariciaba sus labios con mis dedos y nuevamente no eran ellos los que querían estar ahí. —, apetitos que ni siquiera entiendo, que me son ajenos.

—Puede que lo entienda mejor de lo que crees— Dijo para mi sorpresa.

—No estoy acostumbrado a tener apetitos tan humanos. ¿Siempre es así?

—No lo sé —me detuve—. Para mí también es la primera vez.

Tome sus manos entre las mías. Recordando que su experiencia en citas era tan amplia como la mía.

—No sé lo cerca que puedo estar de ti — Admití —. No sé si podré...Pausadamente se inclino hacia mi, sin dejar de mirarme a los ojos, apoyó la mejilla contra mi pecho. El calor se su rostro traspasaba la tela de mi camisa.

—Esto basta— Dijo y luego dejó escapar un suspiro. Instintivamente cerré mis brazos en torno a ella y hundí mi rostro en su pelo absorbiendo toda su esencia. Descubrí que increíblemente aquella sensación en la garganta era mas llevadera, no había desaparecido pero era soportable.

—Se te da mejor de lo que tú mismo crees — Me alentó.

—Tengo instintos humanos. Puede que estén enterrados muy hondo, pero están ahí.

Y así nos quedamos, como soldados el uno al otro. Yo me encontraba dichoso de tenerla entre mis brazos, pasaron los segundos o las horas verdaderamente no medí el tiempo pero cuando me percaté ya era entrada la tarde. Bella dejó escapar un suspiro, pero yo sabía lo que realmente significaba, la partida la separación , pero yo no estaba listo para eso, no lo estaría nunca. Todavía nos quedaba el camino de regreso, podía verme recorriendo todo ese trayecto tomados de la mano, pero había otra cosa que quería mostrarle antes, había otra sensación que quería compartir con ella.

—Tienes que irte— Pregunté.

—Creía que no podías leer mi mente — Dijo juguetonamente.

—Cada vez resulta más fácil— La sola idea, me lleno de júbilo y le pregunté.

— ¿Te puedo enseñar algo?

— ¿El qué?

—Te voy a enseñar cómo viajo por el bosque — Me miró con terror en los ojos. —No te preocupes, vas a estar a salvo, y llegaremos al coche mucho antes— Le prometí para tranquilizarla.

Estaba tan expectante con la sola idea se compartir eso que me hacía tan feliz que no pude evitar reír de buena gana.

— ¿Te vas a convertir en murciélago? — Preguntó de pronto.Rompí a reír sin poder controlarme…

— ¡Como si no hubiera oído eso antes! —

—Vale, ya veo que no voy a conseguir quedarme contigo—

—Vamos, pequeña cobarde, súbete a mi espalda— Le dije.

Me miró incrédula, pero le respondí con un sonrisa, confirmando que era en serio mientras extendía mis brazos hacia ella. Su pulso estaba acelerado nuevamente cuando la ayude a subir a mi espalda, creo que instintivamente me rodeo con su delicados brazos y piernas. Sentí todo su cuerpo contraído contra el mío y supuse que estaría usando toda su fuerza, para mi solo era como un tierno abrazo pero traté de no pensar mucho en ello ya que no me costaría nada voltearla y así poder tenerla frente a mi…

—Peso un poco más de la media de las mochilas que sueles llevar —Me dijo, sacándome de mi ensoñación.

— ¡Bahh.! — Resoplé en un mueca, verdaderamente estaba dichoso.Adiós soledad, adiós tormentos. Tomé su mano entre las mías e inhale su perfume profundamente.

—Cada vez más fácil — Pensé en voz alta. Y luego rompí a correr.

Aquello era lo que mejor se me daba, era el más rápido de mi familia y si era cierto que a todos nos gustaba la velocidad yo era el que más disfrutaba al hacerlo.Corría sólo por diversión, a veces no tenía un rumbo definido, lo hacía solo por el hecho de sentir el viento en mi rostro, golpeando mi cuerpo y ahora lo compartía con ella, su cuerpo me quemaba la espalda, podía sentir su respiración en mi nuca, sus piernas enrolladas en mi cintura. Jamás pensé en tenerla tan cerca, siendo tan mía. Que pasaría si…

El bosque desapareció en cosa de minutos y estábamos otra vez junto a su coche.

—Estimulante, ¿verdad? — Le dije entusiasmado con nuestra nueva actividad.

De pronto me percaté que Bella no decía nada, como yo esperaba, tampoco se movía.— ¿Bella? —pregunté, inquieto.

—Creo que necesito tumbarme —respondió en medio de un jadeo. jadeante.

—Ah, perdona — Esperé que dijera o hiciera algo más, pero nada.

—Creo que necesito ayuda —Dijo al fin.

Reí al comprender que se encontraba bien y aparte sus brazos de mi cuello y luego le di la vuelta para que quedará frente a mi. La cargué en mis brazos acunándola contra mi pecho. Lentamente y suavemente la dejé sobre unos mullidos helechos.

— ¿Qué tal te encuentras? — Le pregunte preocupado.

—Mareada, creo.

—Pon la cabeza entre las rodillas— Había sido muy rápido para ella. Inspiró y espiró lentamente, sin moverse, me senté a su lado y después de un momento levantó la cabeza.

—Supongo que no fue una buena idea— Le dije arrepentido, no había pensado en que no estaba acostumbrada… Todavía.

—No, ha sido muy interesante— Hizo un esfuerzo para sonar lo mas normal posible pero no lo consiguió.

— ¡Vaya! Estás blanca como un fantasma, tan blanca como yo mismo.

— Creo que debería haber cerrado los ojos.

—Recuérdalo la próxima vez.

— ¡¿La próxima vez?! — Gimió.

Yo estaba tan contento, sin duda era el mejor día de toda mi existencia.

—Fanfarrón — Me dijo, ya que había vuelto a reír.

—Bella, abre los ojos — Le pedí suavemente.

Estábamos increíblemente cerca. Podía contemplar cada detalle de su cara. La pequeña arruga en su frente, la línea de sus labios.

—Mientras corría, he estado pensando...

— En no estrellarnos contra los árboles, espero— Me dijo en tono juguetón.

—Tonta Bella —reí entre dientes—. Correr es mi segunda naturaleza, no es algo en lo que tenga que pensar.

—Fanfarrón — Me dijo nuevamente.

—No. He pensado que había algo que quería intentar— Tomé su cara entre mis manos, ¿Sería correcto? ¿Podría?... Pero debía intentarlo, este era el momento adecuado, me preparé para dar y recibir el siempre recordado primer beso. Con mis sentidos alertas contemplé su rostro más y más cerca del mío, en mi memoria grabe cada segundo de esta proximidad, disfrutando.Cuando nuestros labios por fin se encontraron Bella rompió a jadear en mi boca, su esencia se filtro en la mía y mis nervios se tensaron al instante, como describir el calor que quemaba todo mi cuerpo? Sentí sed de sus labios, quería lamer su boca, tragar el perfume de su garganta, estrechar su cintura, recorrer todo su cuerpo con mis manos.¡NO! Es demasiado frágil, grité en mi cabeza. ¡DETENTE! Mis labios se paralizaron al instante y haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad, aparté suave y lentamente su cara de la mía.Abrió sus ojos y me dijo:

— ¡Huy! —.

—Eso es quedarse corto—. Le corregí lo mejor que pude, le hablaba entre dientes ya que los tenía fuertemente apretados con su rostro aun entre mis manos, solo a unos centímetros.

— ¿Debería...? Dijo Bella, mientras trataba inútilmente de alejarse. Pero yo aun no podía soltarla ya que no me sobreponía al engarrotamiento de mis músculos.

—No. Es soportable. Aguarda un momento, por favor — Le dije lo mejor que pude. Mentalmente los fui soltando uno a uno hasta que por fin mi cuerpo se relajó.

— ¡Listo! — Le dije al fin.

— ¿Soportable? —

—Soy más fuerte de lo que pensaba — Reí de lo penoso que todo había resultado.

—Bueno es saberlo— Mi padre estaba en lo cierto, debía probar hasta donde podía llegar con ella. Y me llené de alegría al comprobar que después de todo no había sido tan malo.

—Desearía poder decir lo mismo. Lo siento —

—Después de todo, sólo eres humana—.

—Muchas gracias — Me dijo mordazmente.

Me levanté y le tendí mi mano. Me miró por un momento, nuevamente era yo mismo y no reparé en la velocidad de mis movimientos Bella aún no recuperaba su equilibrio y pensé que sería una buena excusa para dejarme manejar de regreso.

— ¿Sigues estando débil a causa de la carrera? ¿O ha sido mi pericia al besar? — Le dije en medio de una risa.

—No puedo estar segura, aún sigo grogui. Creo que es un poco de ambas cosas.

—Tal vez deberías dejarme conducir.

— ¿Estás loco? — Me dijo en tono de protesta.

—Conduzco mejor que tú en tu mejor día — Me defendí. —Tus reflejos son mucho más lentos—

—Estoy segura de eso, pero creo que ni mis nervios ni mi coche seríamos capaces de soportarlo—

—Un poco de confianza, Bella, por favor— Le pedí. Me miraba pensativamente y luego movió su cabeza.

—No. Ni en broma— Me respondió al fin, pero yo no estaba dispuesto a dejarla conducir en ese estado. ¿Acaso creía que me dejaría vencer tan pronto? Trató de caminar hacia el asiento del conductor pero se tambaleó ligeramente y vi ganada esta disputa.

—Bella, llegamos a este punto, ya he invertido un enorme esfuerzo personal en mantenerte viva. No voy a dejar que te pongas detrás del volante de un coche cuando ni siquiera puedes caminar en línea recta, además, no hay que dejar que los amigos conduzcan borrachos — Le dije mientras la atrapaba por la cintura. Que exquisito se sentía poder hacer eso, ya era libre para poder hacerlo todo el tiempo.

—No puedo rebatirlo — Dijo en medio de un suspiro. Levantó las llaves y las dejó caer intencionalmente, sorprendentemente se daba por vencida.—Con calma... Mi monovolumen es un señor mayor—

—Muy sensata — Le contesté.

— ¿Y tú no estás afectado por mi presencia? — Se había rendido pero no estaba feliz de eso, lo note en el tono de su voz. Yo no quería que lo estuviera, quería que fuera feliz, tanto como yo. Se veía tan encantadora cuando estaba enojada, Me incliné sobre su rostro y deslicé mis labios a lo largo de su mandíbula, desde la oreja al mentón de un lado a otro, el cuerpo de Bella se estremeció y lidie contra las emociones que nuevamente viajaban por mi cuerpo.

—Pase lo que pase — Logre decir —, tengo mejores reflejos— Tratando en todo momento de repetir esas palabras en mi mente. Me negaba a ser esclavo de mis sentidos, pero era tan fácil dejarse llevar por estas emociones tan nuevas, desconocidas y deliciosas. Pero ciertamente eran mas fácil de llevar que la sed que había sentido por ella.

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wOla!!! que les pareció el cap?? personalmente me encanta conocer cada pensamiento que se le ocurre a nuestro vampiro favorito, creanlo o no, en mis ojos es más vulnerable de lo que deja ver... simplente maravilloso!!!
Niñas cuidense mucho, suspiren (de vdd quiero saber sus opiniones *_*) y...
Nos leemos prontito!!!
Bellany G.
XOXO

miércoles, 26 de agosto de 2009

Capítulo 13. El Despertar

Decidí que debía hablar con mi padre, a solas donde nadie pudiera escucharnos. Me avergonzaba la forma en que me sentía al lado de Bella. Debía hablar con él.Al llegar al Hospital me informaron que se encontraba haciendo las rondas. Lo esperé en su oficina ya que no tenía intención de ir a casa pronto. Me sentía intranquilo, demasiado nervioso.

Al cabo de 30 largos minutos Carlisle volvió a la oficina. Tenía la mente de lleno en el trabajo y se sorprendió al verme parado ahí… Pensó lo peor, pero al ver mis ojos dorados se tranquilizó.

Mi padre me amaba, en muchas oportunidades descubrí que en su mente me consideraba el mejor de sus hijos, ciertamente el me perdonaría todo.

—Carlisle, necesito hablar contigo —

Le dije.En silencio movió la cabeza y me invitó a sentarme mientras el ocupaba su lugar frente al escritorio.

—Adelante hijo, puedes preguntarme todo lo que quieras—

—Padre, no puedo estar lejos de Bella—

—Lo sé hijo—

Y las palabras salieron disparadas de mi boca, hablaba rápido, siguiendo el ritmo de todas mis preguntas contenidas.

—Pero cuando estoy con ella, mi cuerpo se siente… vivo. Es como si hubiera despertado de un largo sueño de más de 80 años.

No sé si es posible, me siento atraído como un hombre hacia una mujer y no sé si ella siente lo mismo. Yo preferiría pensar que ella no siente lo mismo que yo, pero cuando estamos juntos su ritmo se acelera como lo he notado en otras humanas.

Se que con solo aplicar un poco de fuerza puedo romper sus huesos, pero quiero tenerla junto a mí, apretar su cuerpo contra el mío, sentir su cálido aliento en mi rostro—.

Avergonzado me detuve y no pude levantar la mirada.

Mi padre no dijo nada, se levanto de su silla y camino hacia donde yo me encontraba. Su mente viajaba hacia recuerdos antiguos, tratando de recordar algo que me diera esperanzas.Cuando él habló yo ya sabía lo que me diría, pero debía escucharlo de sus labios y así opacar el sonido de mi propio corazón destrozado.

—Hijo, en todos mis años que tengo de “vida”, - y torció la boca al decir estas palabras, -nunca he sabido de una pareja tan inusual como la tuya y Bella-.
Si hemos sabido de vampiros y humanos antes, pero el olor de ella es tu problema.
Seguramente Emmett ya te contó lo que sucedió cuando se encontró con aquella desafortunada mujer. —

Asentí con la cabeza, y mi padre se detuvo. Pero cuando dijo esto, no sentía pena ni pesar, en su corazón solo había esperanza. Tanto amor puede albergar al corazón de un padre.

—Sólo tú puedes llevar a cabo esta tarea tan ardua que te has impuesto. Sé que tu amor por ella es más grande del que hoy crees y en cuanto a tus limites, deberás ver hasta dónde pueden llegar juntos.

Cuando te transformé a esta vida eras demasiado joven, no habías vivido la vida de un hombre de tu edad ya que te entregaste por completo a la guerra. De cierto modo fue como dejar en espera tu existencia hasta el momento en que te cruzaste con esta chica. Es como si hubieras despertado de un largo sueño. Quizás en estos momentos estés continuando la vida que dejaste atrás hace tantas décadas—

Ahora su mente se llenaba de preguntas, pasaba de una teoría a otra. Esto lo distrajo un largo rato. Yo no pude asistir a todas sus ensoñaciones, era demasiado para mi cabeza.

La idea de empezar a “vivir” después de todos años me lleno por completo. Mi padre tenía razón, todos estos años había existido sumido en la tristeza y soledad, ahora me sentía pleno. Junto a Bella me sentía completo.

Esa noche, al entrar en su cuarto pude sentir la corriente por mi cuerpo, y su olor contenido en esa pequeña habitación.

Bella dormía intranquila, al parecer tenía pesadillas. Quería acercarme, retirar los pequeños mechones de su cabello que caían en su frente. Me sentía tan intranquilo como ella. Temía que se despertara en cualquier momento. Quería arrancar todos sus miedos, acunarla en mis brazos. Prometerle que siempre estaría a salvo, que yo me encargaría de eso.

Como pude dudar de Alice, sí, yo la amaba. Que ciego había estado.

Observé su habitación, aquella pequeña habitación. En el centro de la mesa había un reproductor de CD. Sigilosamente lo abrí y extraje el disco de su interior. Quería saber que música le gustaba. Contemple la carátula y no podía creer que a Bella le gustará ese tipo de música. Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Creí reconocer el nombre, era el tipo de banda que le gusta a Emmett, debería preguntarle si tenía el disco.

Bella estuvo a punto de despertarse y fui a parar a su closet. Verdaderamente me había convertido en un enfermo acosador, pero se sumió nuevamente en el sueño y yo decidí que era demasiado arriesgado quedarme hoy a su lado. Aun faltaban horas para que amaneciera y quería escuchar aquel grupo, así es que me dirigí a casa.

Como el día anterior, aparque frente a la casa de Bella y esperé por ella, el Jefe Swan ya se había marchado.

La vi aparecer tras de la puerta y cerrar sin poner el seguro. La miré de reojo para que no se sintiera inquieta por mi mirada, pero que hermosa estaba el día de hoy. Me preparé mentalmente para tenerla a solo unos centímetros de mí. Se paro frente a la puerta del copiloto. Qué bueno fue no mirarla directamente ya que se podía ver que estaba nerviosa, quizás tanto como yo.

—Buenos días — la saludé — ¿Cómo estás hoy? Y espere ver en sus grandes ojos las respuestas a todas mis preguntas.

—Bien, gracias— Sólo contesto. Bueno tendría que esperar para obtener mis respuestas.

Tenía la piel más blanca que de costumbre y en sus rostros se veían los signos de una noche llena de pesadillas.

—Pareces cansada— Le dije.

—No pude dormir — Me contestó mientras se acomodaba el cabello.

—Yo tampoco — Dije en tono de burla mientras encendía el motor.

—Eso es cierto. Supongo que he dormido un poquito más que tú - me dijo al tiempo en que se reía.

Su risa me hizo estremecer.

—Apostaría a que si- Le dije, contento con el tono de la plática.

— ¿Qué hiciste la noche pasada? — Me preguntó.

Mmmm a ver, primero entre en tu casa mientras dormías y te observe dar vueltas sobre la almohada. Ya podía ver la cara de Bella si le confesaba eso.

—No te escapes — Me limité a decir. — Hoy me toca hacer las preguntas a mí.

—Ah, es cierto. ¿Qué quieres saber? —

— ¿Cuál es tu color favorito? —Le pregunté recuperando la compostura.

—Depende del día—

— ¿Cuál es tu color favorito hoy? —

—El marrón, probablemente—.

— ¿El marrón? — ¡¿Cómo podría gustarle el marrón?! Pensé…

—Seguro. El marrón significa calor. Echo de menos el marrón. Aquí una sustancia verde, blanda y mullida cubre todo lo que se suponía que debía ser marrón. Los troncos de los árboles, las rocas, la tierra.

Con esas pocas palabras me volvía a confirmar que ella no pensaba como el resto de los humanos. Hasta yo había pasado eso por alto. Bella era especial y de repente me perdí en sus ojos.Luche con una nueva oleada de sensaciones…

— El marrón significa calor- Fue lo único que conseguí decir.

Quería tocar su cara, recorrer sus labios con la yema de mis dedos y besarla. Pero el roce de mis helados dedos le repugnaría. Me conformé con apartar su cabello del hombro.

Al llegar al instituto recordé el CD que me había prestado Emmett.

— ¿Qué CD has puesto en tu equipo de música? —Le pregunte y no pude evitar reírme.

Cuando me confesó el nombre del grupo, saque el CD que estaba junto a los otros que suelo escuchar y se lo entregue.

— ¿De Debussy a esto? — Arquee una ceja.

Y ella examino el CD. Lo había reconocido y lo examinaba con la mirada gacha.

Ese día estaba decidido a satisfacer cada una de mis dudas.

Cada momento que pasamos juntos le formulaba todo tipo de preguntas, quise a saber todos los detalles de su vida. No quería pasar nada por alto. Todo de ella era importante para mí. Debía saber absolutamente todo.

Entre clases y la hora del almuerzo le pregunte qué tipo de cine disfrutaba, que lugares había visitado; Para mi sorpresa fueron pocos pero tenía muchos lugares a los que le gustaría viajar y me gustaría encargarme de que conociera el mundo entero si era posible.

Le pregunte qué clase de libros leía. Bueno yo ya sabía que le gustaban los clásicos, pero quería conocer todos los títulos que la habían hecho soñar, con los cuales había reído y cuales la hicieron llorar.

Quería saber sus miedos y sus sueños, que era lo que la hacía feliz, quería saber todo, pero todo de ella.

En algunas oportunidades mis preguntas hacían que un flujo de sangre se disparará sobre sus mejillas, rápidamente cambiaba de tema. No podía soportar lo hermosamente apetecible que me resultaba en esos momentos.

—Cual es tu gema predilecta— Le pregunté para cambiar de tema

-El topacio— Me contesto casi al instante. Me sorprendió su determinación ya que por lo general se tardaba un poco en contestar mis preguntas, mientras se volvía a sonrojar. No entendía el por qué de su reacción, solo era un simple pregunta.

¿Por qué? quise saber. Pero ella no dijo nada y le sostuve la mirada, esto no lo dejaría pasar, debía saber que era lo que la turbaba de tal manera.

—Dímelo — casi le ordené

—Es el color de tus ojos hoy — me contestó rindiéndose y mirando sus manos mientras jugueteaba con un mechón de su cabello—. Supongo que te diría el ónice si me lo preguntaras dentro de dos semanas.

Era tan observadora, parece que nada se le escapaba, supongo que ella estaba tan pendiente de mí como yo de ella para captar todos mis pequeños detalles. Rápidamente le lance otra serie de preguntas.

— ¿Cuáles son tus flores favoritas?

Dio un suspiro y continúo respondiendo a todas mis preguntas. Pronto llegó la hora de Biología y yo continué hasta que vi al señor Banner arrastrar otra vez el equipo audiovisual y recordé que debía prepararme para lo que venía.

Cuando el profesor se aproximó al interruptor, me alejé levemente, pero no sirvió de nada ya que al momento de quedar a oscuras sentí la misma chispa eléctrica que había sentido el día anterior y por la noche en su dormitorio. Me zumbaban un poco los oídos y por un momento me entregue al sueño de mis dedos recorriendo su espalda. Con mi mano libre alzaba su rostro para contemplar sus profundos ojos. Entonces me inclinaba sobre ella y la besaba lentamente al principio y luego arrastrado por el fuego de mis labios… En ese momento apreté mis dedos en mis costillas y contuve el aliento. No podía entregarme a esas divagaciones, no ahí con ella tan cerca de mí, es esta obscuridad que no era penumbra para mí, ya que la veía perfectamente solo a menos de medio metro de mi cuerpo.

Ella se inclinaba sobre la mesa y tenía el mentón sobre los brazos doblados. Aunque su postura parecía relajada pude notar por su respiración que se sentía casi tan incómoda como yo. Pero yo no me sentía incomodo, no esa no era la palabra, yo me sentía anhelante, deseoso de ella, no incómodo. ¿Sentiría ella alguna vez lo mismo por mi? Entre todas estas ensoñaciones terminó la hora y Bella suspiró cuando el señor Banner encendió las luces. Solo en ese momento me miró.

Me sentía demasiado turbado para hacer algún tipo de comentario referente a la hora que acaba de pasar y en silencio me detuve por ella. Bella tampoco dijo nada camino al gimnasio. Cuando llegamos a la puerta de los vestidores le acaricié el rostro con la palma de la mano, olvidando que mi cuerpo era demasiado helado, desde la sien a la mandíbula.

Desee que fuera mis labios los que recorrieran ese camino, sin poder decir nada me di media vuelta y me alejé.

Camine los más rápido que pude, pareciendo normal claro está. Me escondí en mi auto controlando el temblor que recorría mi cuerpo. La palma de mi mano me quemaba, no quería poner a Bella en peligro, pero eso era en estos momentos, un peligro para ella, no podía permitirme tener esas emociones, no la pondría en peligro nunca más. Me devane los sesos buscando alguna salida, debía existir alguna forma de estar junto a ella sin ponerla en peligro, pero no podía pensar en nada, la única salida era alejarme de ella pero no tenía las ganas y la fuerza para ello.

Amarla, eso era lo único que podía hacer. Sí, mi amor la salvaría, ya que en estos momentos la amaba más que a mi propia vida.

En esos pensamientos terminó otra hora y me apresuré para encontrarla fuera de la clase de educación física. Al verme me entregó una enorme sonrisa, automáticamente se la devolví y empecé a interrogarla nuevamente.

Ya satisfechas algunas de mis preguntas me dedique ahondar más profundamente en sus sentimientos. Quería saber sobre su vida en Phoenix y quería descripciones, quería poder ver todo lo que ella había visto, las texturas, los colores y si podía, los olores.

Para ese entonces ya estábamos frente a su casa y lentamente comencé a sentir como cambiaba el clima, seguramente comenzaría a llover en cualquier momento. Y me concentré nuevamente en sus respuestas, se dedicó a describir el olor a la creosota —amargo, ligeramente resinoso, pero aun así agradable—, el canto fuerte y lastimero de las cigarras en julio, la liviana desnudez de los árboles, las propias dimensiones del cielo, cuyo azul se extendía de uno a otro confín en el horizonte sin otras interrupciones que las montañas bajas cubiertas de purpúreas rocas volcánicas.Por mi parte no entendía como le podía resultar hermoso aquel lugar ya que para mí solo era un lugar seco, yo prefería la vegetación, los altos árboles, los bosques sin fin donde puedo correr sin ser molestado por las miradas humanas.

— ¿Has terminado? —preguntó después de detallarme su habitación en Phoenix, la que al parecer era tan pequeña como la que tenía aquí.

—Ni por asomo, pero tu padre estará pronto en casa. Le contesté

— ¡Charlie! — Exclamó como si de pronto hubiera recordado que existía, al mismo tiempo que examinaba el cielo.

— ¿Es muy tarde? — Me preguntó al tiempo que miraba su reloj.

—Es la hora del crepúsculo — Cuantas veces lo había contemplado. En todos estos largos años yo era el bicho más raro de mi familia. Aunque yo los tenía a ellos en el fondo sentía que no tenía a nadie. Mis noches eran solitarias y monótonas. Todos los libros que había leído, todos los diplomas, las melodías que había compuesto, solo eran una salida para terminar con mi eterna soledad.

En cuantas oportunidades había tenido, huía de Jasper y Alice cuando daban rienda suelta a sus emociones, si, en esos momentos deseaba con todas mis fuerzas no poder leer los pensamientos de los demás.

Pero todo eso quedaba atrás, ya podía contemplar mi futuro, una gran parte de mi quería que las visiones de Alice fueran ciertas, Bella junto a mi por toda la eternidad siendo mi compañera, mi amiga, mi igual, mi amante. Toda la eternidad para nosotros y yo no me cansaría nunca de ella, de su piel de sus ojos, de su boca y al mismo tiempo no quería ser el causante de la perdición de Isabella Swan, no la condenaría a una eternidad de tormentos.

—Es la hora más segura para nosotros — Es el momento más fácil, pero también el más triste, en cierto modo... el fin de otro día, el regreso de la noche, La oscuridad es demasiado predecible, ¿no crees?

—Me gusta la noche. Jamás veríamos las estrellas sin la oscuridad. No es que aquí se vean mucho.

Solo pude reírme, tanta razón tenía mi Bella, quería decirle tantas cosas, decirle que la amaba, pedirle que nunca se alejara de mí, pero no lo haría. Siempre le dejaría la opción de irse, estaría con ella hasta que me pidiera que me fuera o esta fuera la última opción para mantenerla a salvo.

De pronto recordé a su padre y el viaje que teníamos programado para el sábado.

—Charlie estará aquí en cuestión de minutos, lo que a menos que quieras decirle que vas a pasar conmigo el sábado...

—Gracias, pero no —reunió sus libros y me dijo.— Entonces, ¿mañana me toca a mí?

— ¡Desde luego que no! —Le dije en tomo burlón —. No te he dicho que haya terminado, ¿verdad?

— ¿Qué más queda?

—Lo averiguarás mañana.

Al extender mi mano para abrir la puerta sentí su calor quemándome la piel del brazo. Su corazón latiendo más y más rápido. Pero algo me paralizo al momento, alguien se aproximaba.

—Mal asunto — Pensé en voz alta.

— ¿Qué ocurre?

Automáticamente y al sentir la presencia de esa familia descendiente de los licántropos, mi cuerpo se tenso y apreté la mandíbula.

—Otra complicación.

Abrí la puerta de golpe con un rápido movimiento y, casi encogido, me aparté de Bella. Al mismo tiempo que el coche negro subía el bordillo, dirigiéndose hacia nosotros.

—Charlie ha doblado la esquina —le dije, sin dejar de vigilar el otro vehículo.Al escuchar esto Bella saltó del vehículo. Posiblemente no había identificado a los ocupantes del coche negro, pero para mí ya estaba claro quiénes eran. El joven que estaba al volante debía ser el hijo de Billy Black, Jacob.

Me habían reconocido, la cortina de lluvia era muy espesa pero me habían reconocido, bueno el viejo me había reconocido, Jacob Black era solo un muchachito sonso y su mente solo estaba impaciente por ver a Bella, “Mi Bella”. Lo hubiera destrozado en ese mismo momento solo por pensar en ella, me sentí como un cobarde al dejarla sola con esos apestosos, pero sabía que su padre llegaría pronto. Sin decir nada más aceleré el motor en punto muerto y los neumáticos chirriaron sobre el húmedo pavimento y en cuestión de segundo estuve lejos del lugar.

De camino a casa pensé muchas veces en ir a casa de Bella, sacarla por la fuerza si era necesario pero di marcha atrás y me conformé con pensar que la vería más pronto de lo que ella me vería a mí.

Alice me estaba esperando en la entrada de la cochera.

— ¿Cuándo podré hablar con Bella? —

—No te metas Alice— Casi le gruñí.

—No entiendo ¿porque estas de tan mal humor? He visto que Bella te ama también, como puedes estar tan ciego. Ella está vinculada a tu futuro, al de todos nosotros, aún no se cómo pero será muy importante para muestra familia—.

La interrumpí para no asistir a sus premoniciones. Me daban mareos ya que algunas eran claras pero otras solo eran sombras sin forma ni sentido.

—Bueno, si eres tan buena viendo el futuro — le dije— no tendré que preguntarte si me acompañaras mañana por la tarde

-Claro que te acompañaré, me dijo. Y me veo conduciendo su viejo y feo coche.

Moví mi cabeza en forma afirmativa.

—No quiero exponerme a nada— Le contesté.

—No veo por qué estas tan nervioso. Ya has tomado la decisión de no matarla ni convertirla,
admiro tu fuerza de voluntad, es aun más grande que la de nuestro padre.Ese día estará despejado y tu claro será bañado por la luz del sol Bella se lo tomará mejor de lo crees.

Bueno por otra parte, creo que te tomará gran parte de la noche encontrar sus llaves. Pero al final las encontrarás en sus pantalones en el cuarto de la colada. Ya veo qué prefieres pasar el tiempo viendo como duerme—

Al decir esto volteo los ojos hacia arriba y sonrió levemente.

Me incline para besar la frente de mi hermana pequeña, me había ahorrado toda una noche inútilmente malgastada.

Esme estaba tan contenta.

— ¿Cuando la traerás a casa hijo? Me preguntó.

—Mamá creo que es un poco anticipado hablar de eso—

—Hijo, yo también quiero ser parte de tu felicidad, estaremos muy contentos de conocerla. Yo quiero conocer a la linda chica que ha despertado tu hermoso corazón—

—Madre, haces que me sonroje…—

—Es verdad querido, tu padre y yo estaremos muy contentos de tenerla aquí, eso sin mencionar a Alice y Jasper…—

— ¿Y Rosalie mamá?

—Bueno ella lo superará hijo no te preocupes, Emmett ya se ocupará de eso—

—No lo sé mamá… —

—Edward ya es parte de la familia…—

—Gracias mamá…— Si hubiera sido capaz de llorar, habría llorado en ese momento. La bendición de mi madre me había tomado por sorpresa. “Ya era parte de la familia”

Traté de respirar por la garganta y la nariz, debía acostumbrarme. Su alma estaba en juego… la mía se había perdido hace años…

Dormía plácidamente, una mano reposaba sobre su cabeza y la otra colgaba de la cama. No sé que fue más difícil, si el verla así, como invitándome o su aroma.

Pero yo era más fuerte, me lo repetía constantemente no dejaría que los sentidos dominarán mi resolución, me acostumbraría a estar junto a ella, con ella.

Encontré las llaves justo donde Alice me dijo y nuevamente agradecí no tener que buscar toda la noche, ahora podía dedicarme a cosas más… productivas.

Inflaba mis pulmones con su olor, debo reconocer que estos últimos días me había acostumbrado un poco, solo un poco su olor ya no me golpeaba como la primera vez.

Ella respiraba de forma acompasada, su delicado pecho subía y bajaba casi imperceptiblemente, casi, porque yo si podía ver cada pequeño movimiento de su cuerpo.

Quería tenderme a su lado, estrecharla, me acerqué a su lado, no se había movido en absoluto, debía de estar durmiendo profundamente, seguramente el día anterior la había dejado exhausta, contemplé su mano, delgada, pequeña en comparación a la mía los humanos suelen pasear de la mano, creo que es un signo de pertenencia. Con ese pequeño gesto indican a los demás que esa persona les pertenece.

¿Querría ella sostener mi mano? ¿Podríamos pasear de esa manera, como si yo fuera un humano común y corriente? Nunca había deseado con mayor intensidad ser humano como en estos últimos meses.

Me incliné para oler su cabello, era un perfume embriagador, sus labios estaban ahora un poco abiertos, contemplé su rostro.

—Edward— Susurro, su aliento cálido golpeó mi cara, mis músculos se paralizaron, mi labios temblaron, si hubiera tenido pulso se me habría disparado.

—Quédate—, dijo. Demasiado hambriento de ella no pude moverme. Yo puedo, yo puedo, yo puedo, me ordené retroceder, me refugié cerca de la ventana contemplándola mientras cambiaba de posición en su estrecha cama.

Lo había hecho, había podido controlarme su vida había estado en mis manos y ella había sobrevivido, ahí estaba, a uno pocos metro de distancia, viva respirando, soñando tal vez. Soñando conmigo, no era un monstruo de pesadillas para ella. ¿Sería su príncipe encantado? ¿Me vería de esa forma? Quise creer que así era. Que yo podía ser digno de su amor, que me aceptaría, que también me querría.

Demasiado pronto llego el amanecer, demasiado rápido se terminó la noche, salí por su ventana dejando mi corazón con ella, no estaría completo hasta estar nuevamente a su lado.

Entre a casa con el tiempo justo para cambiarme y coger el coche me estacione fuera de su casa y apague el motor, como de costumbre su padre ya se había marchado y solo esperé unos momentos hasta que la vi aparecer casi corriendo y esta vez no dudó en subir al asiento del copiloto y esta acción de confianza me lleno de felicidad.

— ¿Cómo has dormido? — Le pregunté

—Bien. ¿Qué tal tu noche?

—Placentera.Y le dedique una sonrisa.

— ¿Puedo preguntarte qué hiciste?

—No — Le respondí con otra sonrisa, si hubiera podido, estoy seguro que me habría ruborizado.

—El día de hoy sigue siendo mío.

Hoy quería saber sobre sus seres queridos, su relación con su madre, que hacían juntas en su tiempo libre, me comentó que solo había tenido una abuela y de ella también quise saber todo, de sus amigos del colegio, de sus amigos en Phoenix.

Cuando le pregunté por los chicos con los cuales había tenido citas, se puso colorada, no podía creer que ninguno de esos estúpidos chicos la viera tal como es, hermosa, inteligente, perceptiva, intuitiva, me sentí feliz al saber que yo era el primero en contemplarse en esos profundos ojos como espejos.

— ¿Nunca has conocido a nadie que te haya gustado? — Le pregunté

—En Phoenix, no.

Si yo le gustaba, su ritmo cardiaco me lo había confirmado, ¿pero me amaría como lo hacía yo?

Para cuando termino de hablar ya estábamos en la cafetería y aprovechando que yo hacía una pausa dio un mordisco a la rosquilla que había comprado para ella.

—Hoy debería haberte dejado que condujeras — Le dije dejando de lado el interrogatorio.

— ¿Por qué?

—Me voy a ir con Alice después del almuerzo.

—Vaya — Me dijo y parecía desencantada y confusa. —Está bien, no está demasiado lejos para un paseo.

¿Acaso pensaba que la dejaría ir caminando a su casa?

—No te voy a hacer ir a casa andando tomaremos tu coche y lo dejaremos aquí para ti— Le dije.

—No llevo la llave encima —Me contesto. — No me importa caminar, de verdad.

Negué con la cabeza.

—Tu monovolumen estará aquí y la llave en el contacto, a menos que temas que alguien te lo pueda robar— De solo pensar en la idea me reí de buena manera.

—De acuerdo — Dijo con los labios apretados. Al parecer no le gustaban mis comentarios sobre su coche o quizás estaría pensando en la llave que yo tenía en mi bolsillo la apreté entre mis manos y me reí por lo bajo.

— ¿A dónde vas a ir? — quiso saber.

—De caza — Le contesté. —Si voy a estar a solas contigo mañana, voy a tomar todas las precauciones posibles —

Debía permitirle escoger, aunque la sola idea de no estar con ella me hacía sufrir.

—Siempre lo puedes cancelar, ya sabes— Le dije.

Bajó la vista, así que no pude leer la expresión en sus ojos.

—No — Susurró mientras levantaba la vista y me miraba a la cara. —No puedo—

—Tal vez tengas razón— Le dije apesadumbrado ya que había dicho “No puedo”. Ella tampoco podía estar lejos de mí, y no sabía si sentirme feliz o desdichado de eso.

— ¿A qué hora te veré mañana? — Me preguntó.

—Eso depende... Es sábado. ¿No quieres dormir hasta tarde? — Le ofrecí.

—No —Se apresuró a decir, lo cual me hizo sonreír, yo también ya la extrañaba.

—Entonces, a la misma hora de siempre — decidí —. ¿Estará Charlie ahí?

—No, mañana se va a pescar.

— ¿Y qué pensará si no vuelves? — Quise advertirle que había un pequeño porcentaje de que eso sucediera.

—No tengo ni idea — Y lo dijo como si no le importara mucho el asunto. —Sabe que tengo intención de hacer la colada. Tal vez crea que me he caído dentro de la lavadora.No estaba tomando seriamente el asunto y eso me molestó ¿acaso no sabía que yo era demasiado peligroso para ella? Debía tener un aliciente para poder traerla de vuelta.

— ¿Qué vas a cazar esta noche? —

—Cualquier cosa que encontremos en el parque — Me gusto el tono de su voz al decir estas palabras, como su fuera los más normal de mundo salir de cacería. — No vamos a ir lejos—

— ¿Por qué vas con Alice? —Me preguntó

—Alice es la más... compasiva—

— ¿Y los otros? —Preguntó con timidez—. ¿Cómo se lo toman? —

En ese momento me permití leer los pensamientos de mis hermanos que estaban en nuestra habitual mesa.

Estúpido, inconsciente, tarado. Me disparaba Rosalie.

Por favor, por favor, por favor, puedo conocerla ahora. Me pedía Alice.

Jasper estaba impaciente, sabía que mañana iríamos de excursión y temía lo peor.Emmett por su parte estaba molesto ya que le habíamos excluido de la cacería y tendría que asistir a la clase de inglés.

—La mayoría con incredulidad— Solo le contesté. Y ella miro a hurtadillas a mis hermanos.

—No les gusto — Agregó.

—No es eso — Le mentí… solo en parte—. No comprenden por qué no te puedo dejar sola. Y ella me entregó una enorme sonrisa.

—Yo tampoco, si vamos al caso—

Moví mi cabeza lentamente, y clave la mirada en el techo al mismo tiempo que reflexionaba sobre sus palabras. Verdaderamente no era consciente de sí misma, del efecto que causaba en los demás, Volví a mirar sus ojos.

—Te lo dije, no te ves a ti misma con ninguna claridad no te pareces a nadie que haya conocido. — Me fascinas—Me dirigió una furiosa mirada, seguramente había pensado que lo decía en broma y no pude evitar sonreír a ese gesto.

—Al tener las ventajas que tengo — Le dije tocando mi frente disimuladamente—, disfruto de una superior comprensión de la naturaleza humana. Las personas son predecibles, pero tú nunca haces lo que espero. Siempre me pillas desprevenido. Le confesé.

Desvió mi mirada para ver nuevamente a mi familia.

—Esa parte resulta bastante fácil de explicar, pero hay más, y no es tan sencillo expresarlo con palabras...

De pronto Rosalie atrapó a Bella con la mirada y una oleada de furia subió por mi pecho y emití un bufido muy bajo para ser escuchado por los oídos humanos, pero lo suficientemente fuerte para advertir a Rosalie. Ella giró la cabeza y liberó a Bella se su embrujo.

Al mirarme nuevamente se podía ver en ella el miedo que le había provocado Rosalie.

—Lo lamento. Ella sólo está preocupada. Ya ves... Después de haber pasado tanto tiempo en público contigo no es sólo peligroso para mí si... — Y no pude seguir mirando su rostro.

— ¿Si...? —

—Si las cosas van mal—. Y no pude contener la pena y la angustia que sentía al decirle estas cosas que ya había pensado un millón de veces durante todas estas noches.

Avergonzado dejé caer la cabeza entre mis manos, debería haber sido capaz de levantarme, haberle dicho que me olvidará. Haber podido hacer cualquier cosa para no estar con ella, para no amarla como lo estaba haciendo, para no desear estar con ella con todo mí ser, pero no podía, simplemente ya no podía irme de su lado y me odiaba por eso… En ese momento ella interrumpió mis lamentos.

— ¿Tienes que irte ahora? —

—Sí — Le conteste mientras le miraba a los ojos y todo cambio es un segundo, estaba seguro de mi mismo, como estaba seguro del amor que sentía por ella. Sonreí lleno de esperanza.

—Probablemente sea lo mejor. En Biología aún nos quedan por soportar quince minutos de esa espantosa película. No creo que lo aguante más—

Alice ya se había puesto de pie y se dirigía a nuestra mesa. Por fin me dejaría en paz. Sin mirarla la salude. —Alice—.

—Edward —respondió ella.

—Alice, te presento a Bella... Bella, ésta es Alice —

—Hola, Bella — Estaba tan contenta. —Es un placer conocerte al fin—

Le dedique una sombría mirada.

—Hola, Alice — Le contestó con timidez

— ¿Estás preparado? —Me preguntó.

—Casi —Le contesté molesto por la intromisión. ..—Me reuniré contigo en el coche—

Alice se alejó sin decir nada más. Se había percatado de mi malestar.

—Debería decir «que te diviertas», ¿o es el sentimiento equivocado? — Me preguntó al tiempo que me miraba nuevamente ya que se había distraído con el andar de Alice.

—No, «que te diviertas» es tan bueno como cualquier otro— Le dije recuperando el buen ánimo.

—En tal caso, que te diviertas.

—Lo intentaré — Le respondí.

—Y tú, intenta mantenerte a salvo, por favor—

—A salvo en Forks... ¡Menudo reto! —

—Para ti lo es — Estaba seguro que se estaba tomando mis palabras más superficialmente de lo yo habría querido. — Prométemelo— Le pedí

—Prometo que intentaré mantenerme ilesa — me dijo —Esta noche haré la colada... Una tarea que no debería entrañar demasiado peligro—

—No te caigas dentro de la lavadora —

—Haré lo que pueda—

Me puse en pie y ella también.

—Te veré mañana — Me dijo.

—Te parece mucho tiempo, ¿verdad? — Le pegunté con pena.

Asintió.

—Por la mañana, allí estaré — Le prometí, pensando que posiblemente la vería más pronto de lo que ella creía.

Recordé que la noche anterior había anhelado tocar su cuerpo y extendí la mano a través de la mesa y le acaricie el rostro, con mucho cuidado rocé sus pómulos para luego darme la vuelta y salir de la cafetería.

Nos tomó más tiempo del que pensábamos traer el carro de Bella. Me habría gustado correr mientras Alice me esperaba junto a mi coche. Pero en vez de eso tuvimos que interpretar el papel de humanos.
Conduje junto a Alice hasta casa de Bella y luego la seguí de vuelta al Instituto.

Cuando por fin pudimos dejar atrás la ciudad, me lance a toda velocidad por la carretera, estaba decidido a volver antes de medianoche para poder estar con ella y seguir mi terapia de inmunización, si es que se podía decir así.

Alice era una gran compañera de casa, su tamaño generalmente se confundía con debilidad, pero era una experta cazadora y daba a sus presas un final rápido las criaturas ni se enteraban que les había sucedido solo en pocas oportunidades habíamos cazado solos ya que Jasper estaba aferrado a ella como su sombra, por mi parte cazaba con Emmett, Carlisle o la gran mayoría de las veces solo.
Bebí hasta que me sentí hinchado, la verdad es que era bastante incómodo, Alice se reía de mí y decía que estaba volviéndome “Un poco exagerado”.

—Todo estará bien— Me volvió a decir.

—Gracias— Le respondí.

No nos tomó mucho tiempo volver a casa ya que no habíamos ido muy lejos acompañe a Alice a casa y luego fui al encuentro de Bella.
Ella no se movió en toda la noche, estoy seguro que tampoco soñó… bueno no conmigo.
Me senté en el suelo, justo bajo su ventana y ahí la contemplé.

¿Cómo describir mis sentimientos? Me sentía tan… ¿nervioso? ¿Así me sentía? Bueno supongo que esa era la palabra adecuada estaba nervioso, mañana estaría con ella, no es que estas noches no hubiera estado con ella, pero por fin estaría con ella a solas. Al pensar en eso sentí un repentino dolor en el estomago ¿Era eso posible? Apreté los labios para no romper en una carcajada los sentimientos y emociones corrían desde mi cabeza a la punta de mis pies, ¿podría compartir con ella todas estas cosas?

“Se lo tomara mejor de lo que crees” Me había dicho Alice pero eso no disminuía mi ansiedad.

Lo que quedaba de noche transcurrió muy lento, aun para mi, mil preguntas daban vuelta en mi cabeza. ¿Y si no me presentaba? ¿Me hablaría en el Instituto? ¿Si salía por esa ventana y no volvía ni siquiera al Instituto? Demasiado tarde, demasiado tarde, solo eran estúpidos pensamientos, no tenía la fuerza ni las ganas de estar en ningún otro lugar que no fuera esa pequeña habitación, donde dormía la razón de toda mi existencia. Sin ella ya no habría nada que iluminara mis días y mis noches… Sin ella ya no viviría o por lo menos no quería vivir.
Por fin llego la aurora…

Di tres golpes a la puerta de su casa, escuche como corría escalera abajo, desee que no lo hiciera, con su suerte podría perfectamente haber caído y haber terminado con una pierna rota.

Corrió hacia la puerta pero se le trabo el pestillo ¿Habría estado tan nerviosa si comprendiera que corría hacia su posible muerte? Desterré rápidamente esos pensamientos.

“Todo está bien, todo estaría bien, todo estaría bien” Y al contemplarme es su ojos comprendí que así sería, todos los temores se derritieron con el calor que su cuerpo emanaba.

Cuando contemple el total de su figura descubrí que por algún truco del azar o del destino nos habíamos vestido con los mismos colores. Me reí de buena gana.

—Buenos días. Le dije aun con una sonrisa en los labios.

— ¿Qué ocurre? —

—Vamos a juego— Y volví a reír. Llevaba un suéter con un cuello alrededor de la garganta color canela y unos vaqueros azules, casi del mismo tomo que los míos. Pero en ella lucían encantadores ya que el color canela contrastaba con su cabello y sus ojos, estaba mmmm… para comérsela y volví a reír.

Caminamos hacia su monovolumen y aguardé resignado junto a la puerta del copiloto.

—Hicimos un trato — Me recordó, pero yo si me acordaba, lo que pasaba es que no me resignaba.

Cuando estuve sentado a su lado me pregunto:

— ¿A dónde? —

—Ponte el cinturón... Ya estoy nervioso— Le pedí.

— ¿A dónde? —repitió en medio de un suspiro, demasiado parecido a los que hace cuando me llama entre sueños.

—Toma la 101 hacia el norte — Le dije, un poco molesto conmigo mismo.

A poco andar descubrí que esto de ser copiloto no era tan malo después de todo ya que podía contemplar a Bella todo el camino, claro que sería mucho mejor fuéramos un poco más rápido.

— ¿Tienes intención de salir de Forks antes del anochecer?—

—Un poco de respeto — Me contestó —Este trasto tiene los suficientes años para ser el abuelo de tu coche—

Cuando por fin logramos salir del pueblo le indique que girara a la derecha para tomar la 101.

—Ahora, avanzaremos hasta que se acabe el asfalto. — Agregué.

— ¿Qué hay allí, donde se acaba el asfalto? —

—Una senda—.

— ¿Vamos de caminata? — Me preguntó un tanto preocupada.

— ¿Supone algún problema? —

—No—

Era tan mala mintiendo, Ella estaba consciente que no podía caminar sobre una superficie perfectamente plana sin tropezar con sus propios pies.

—No te preocupes, sólo son unos ocho kilómetros y no iremos deprisa—

Pero no dijo nada, verdaderamente estaría preocupada por la senda o finalmente se había dado cuenta de lo peligroso que resultaba para ella la situación.

Después de un momento, comenzó a impacientarme su súbito silencio.

— ¿En qué piensas? — Quise saber.

—Sólo me preguntaba adonde nos dirigimos —Volvía a mentir.

—Es un lugar al que me gusta mucho ir cuando hace buen tiempo—

Pronto llegaríamos a mi claro, Alice nos había visto en él y pronto me mostraría tal como soy y le diría todo lo que siento por ella.

Las nubes ya comenzaban a disiparse y me distraje mirando por la ventana.

—Charlie dijo que hoy haría buen tiempo— Agregó de pronto.

— ¿Le dijiste lo que te proponías?

—No.—

¡¿Qué?!

—Pero Jessica cree que vamos a Seattle juntos... ¿No? —

—No, le dije que habías suspendido el viaje.... —

— ¿Nadie sabe qué estás conmigo? — Le dije, a esas alturas ya me encontraba de verdad muy molesto.

—Eso depende... ¿He de suponer que se lo has contado a Alice? —

—Eso es de mucha ayuda, Bella — Agregué bruscamente, la idea de que nadie supiera que estaba con migo me molesto de sobremanera. ¿No había nada que yo pudiera decirle para que entendiera lo peligroso que yo era para ella? Y ahí estaba como si nada pasara.

— ¿Te deprime tanto Forks que estás preparando tu suicidio? — Le recriminé.

—Dijiste que un exceso de publicidad sobre nosotros podría ocasionarte problemas —

— ¿Y a ti te preocupan mis posibles problemas? —Estaba verdaderamente molesto—. ¿Y si no regresas? —

Solo se dedicó a negar con la cabeza con la vista fija en la carretera.

— Isabella Swan verdaderamente creo que estas mal de la cabeza— Estaba tan molesto que no me preocupe de que mis palabras salieran a toda velocidad de mi boca yo necesitaba, aun sabiendo que todo iría bien, necesitaba que alguien supiera que Bella estaba conmigo. Necesitaba algo que me hiciera llevarla sana y salva de regreso a su casa.


Se bajó del coche sin mirarme seguramente debido al calor se quitó el suéter y lo anudó a su cintura, llevaba una camiseta sin mangas, nunca había visto a blancura de sus brazos, sus hombros, su clavícula, su largo cuello, me quité yo también el suéter y dando un portazo me bajé del coche.

No quise mirarla nuevamente ya que seguramente me turbaría su figura y yo quería permanecer molesto con ella. —Por aquí — Le dije y comencé a adentrarme en el bosque.

— ¿Y la senda? — Me preguntó con pánico en la voz al mismo tiempo que trataba de darme alcance.

—Dije que al final de la carretera había un sendero, no que lo fuéramos a seguir—

— ¡¿No iremos por la senda?! — Preguntó como si la idea le aterrara.

—No voy a dejar que te pierdas— Le contesté en tono de burla, ¿verdaderamente le temía al bosque o por fin había entendido todo el asunto?

Claro que finalmente había entendido que se estaba jugando la vida en este paseo y el dolor subió por mi estomago y salió por mi garganta.

— ¿Quieres volver a casa? — Conseguí decir en un hilo de voz ya me había alcanzado y estaba parada junto a mí.

— ¿Qué va mal? — Le pregunté esperando que esta vez me contestara con sinceridad.

—No soy una buena senderista —. Tendrás que tener paciencia conmigo.

—Puedo ser paciente si hago un gran esfuerzo— La miré a los ojos y le sonreí para darle animo, pero no dio resultado. Estudié su rostro y pude ver el miedo en sus ojos.

—Te llevaré de vuelta a casa — Le prometí. Era lo mejor para ella.

—Si quieres que recorra ocho kilómetros a través de la selva antes del atardecer, será mejor que empieces a indicarme el camino — Dijo súbitamente.

Su miedo no era estar a solas conmigo, no me temía, eran otros sus miedos, no podía comprender la expresión de su rostro. Al cabo de un momento me rendí y comencé la marcha hacia el bosque.

Traté de caminar lo más lento posible ya que no quería que se sintiera avergonzada. Trate de avanzar por un camino sin muchos obstáculos, pero de todas maneras nos encontramos con algunos. En esas ocasiones le sostenía por el codo y la soltaba cuando estaba seguro que podía continuar por su cuenta. No quería que mi helada piel la molestara, sin embargo cuando eso sucedía su corazón rompía a latir muy rápido. Por otro lado el contacto de su piel era demasiado agradable, ya podía verme a mí mismo acostumbrado casi de inmediato a ese cálido toque. Me daba pavor mirar su cara y ver un signo de repulsión, pero cuando estaba cerca de ella no podía dejar de ver los detalles de sus cuerpo, su piel, sus delicados brazos, para tratar de pensar en otras cosas que no fueran su figura, me dedicaba a hacerle una que otra pregunta que había quedado pendiente de mi larga lista, por ejemplo sus cumpleaños, los profesores en la escuela primaria y las mascotas de su infancia...

Me dijo que había renunciado a ellas después de que se le murieran tres peces de forma seguida, y no pude evitar el reírme a todo pulmón y mi risa rebotó con un eco en el bosque.

El viaje fue lento pero yo estaba tan contento de estar en ese espacio grande, verde y privado junto a ella, me habría gustado tomarla de la mano y correr con toda nuestras fuerzas. Pero ella no era mi igual y yo nunca permitiría que lo fuera.

Pero esos pensamientos no lograron nublar el buen ánimo que me había producido la caminata.

— ¿Aún no hemos llegado? — Preguntó haciendo una mueca con el ceño fruncido.

—Casi —Le conteste feliz de ver que aun no estaba cansada. — ¿Ves ese fulgor de ahí delante?

Seguramente no podría verlo ya que para sus ojos humanos aún estaba muy lejos.

—Humm… ¿Debería verlo? — Me respondió. Justo como pensé, aun no lo veía.

—Puede que sea un poco pronto para tus ojos— Le dije en tono burlón.

—Tendré que pedir hora para visitar al oculista — Lo dijo en voz baja, seguramente pensó que no podría oírla y esa idea me hizo sonreír.

Cuando por fin pudo ver la luz a través de los árboles apretó el paso y yo deje que me adelantará, ahora vendría la parte más difícil para mí, debía prepararme para su reacción. Trate de recordar la visión de Alice, Bella cruzó la última línea de helechos y se adentró en el amplio espacio bañado por la luz del sol.

Se dio media vuelta, buscándome pero yo permanecí bajo el abrigo de las sombras, al encontrarse sola giro tratando de ver donde yo estaba, hasta que por fin me vio. No me podía mover, medio petrificado por el miedo lo único que podía ver eran ojos llenos de preguntas, su cabello brillaba con esos reflejos rojos que hace algún tiempo atrás había descubierto.

Dio un paso hacia mí, con sus ojos llenos de curiosidad, pero yo aun sentía miedo y vergüenza a la vez, me entregó una enorme sonrisa y me hizo señas para que me reuniera con ella, al mismo tiempo en que se acercaba un poco más pero levanté mi mano para que no continuara y dio un paso atrás.

Respiré profundamente, llenando mi cuerpo de valor y salí de mi escondite, al dar ese pequeño paso, no solo me exponía al brillante resplandor del mediodía, ahí, detrás de mi quedaban todos mi miedos.

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wOla... que les pareció??? Nuestro vampiro si que tiene problemas para aceptar sus sentimiento no?? menos mal que tenemos a Alice!! jejeje... y no se pueden quejar eh!! este capítlo ha sido lo suficientemente largo... no se olviden de dejarme sus comentarios... si no como quieren que me entere si les gusta???
dalee... suspiren mucho y
nos leemos prontito!!

Bellany G.
XOXO

Introducción


Antes que nada, permitanos contarles que estamos más que agradecidas con la autora de este Fan-Fic Alexa Cullen, pues además de ser muy buena en lo que hace también es una estupenda amiga (Ale te queremos!!!)

Pero hablemos del Fic...

Como sabrán, Stephenie Meyer dejó inconcluso el quinto libro de la Saga, Sol de Medianoche (Midnight Sun), es decir, Crepúsculo pero desde el punto de vista de Edward Cullen, debido a que fué indevidamente puesto en circulación en internet, por lo que es posible encontrar los 12 capítulos de dicho trabajo (incluso en la página oficial de la autora los pueden encontrar en inglés)...
Pues bien, después de muchas peticiones acerca de una continuación, Alexa decidío rescatarnos!!

Si, tal como lo leen... Este fic es la continuación de Sol de Medianoche e inicia a partir del capítulo 13. Su estilo es muy similar al de S. Meyer y mantiene tanto los dialogos originales como la secuencia del libro inicial de la saga...
Sumerjanse en los pensamientos de nuestro vampiro favorito, conozcan sus sentimientos y contemplen los motivos de las acciones que lo llevaron al gran amor de su existencia...
Bella Swan.

¡¡QUE LO DISFRUTEN!!
Bellany G.
XOXO

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